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11.11.14

Birdcage

Sexplotation, villanas telépatas y una chica en la pajarera. Postales de una pieza de motel y un palacio chino perdido en el centro de Santiago. Además ser fundador y voz de Los Howlers, Cesare Serra posee una fecunda carrera como realizador audiovisual. Acá presenta un nebuloso relato breve titulado “Birdcage”.

Carolina Sandoval, amiga y compañera con la que he trabajado en distintos proyectos, me mostró unas fotografías de mujeres aisladas que estaban en búsqueda o en espera de algo. Al mismo tiempo las había relacionado con la canción “The Garden” de PJ Harvey, en la cual notamos directa relación con la historia bíblica de Adán y Eva en el Jardín del Edén, la pérdida del paraíso e inocencia, el pecado original, la lujuria. Nos pusimos a trabajar en la idea y decidimos usar el Palacio Lung Fung del centro de Santiago como locación principal ya que se ajustaba perfecto a la artificiosidad necesaria para la historia de nuestras villanas telépatas, y a la construcción de una ficción con ciertos guiños de imaginería paranormal y erotismo.

 

La banda sonora abre con la taiwanesa Teresa Teng con “Andar libremente”, luego un fragmento de un Réquiem de György Ligeti, siguiendo con “Why are you crying” de Connan Mockasin. Terminado el duelo telepático, suena “Man with armonica” compuesto por Ennio Morricone para el implacable y misterioso personaje que hace Charles Bronson en “Once upon a time un the west” de Sergio Leone, y termina con “It’s your body 1”, nuevamente de Connan Mockasin con nuestra desventurada criatura encerrada en la pajarera.

 

Es la primera vez que uso canciones. En trabajos anteriores siempre yo me encargaba de construir el diseño sonoro mediantes samples, bancos de sonido, registros de ambientes y algo de foley, pero a un nivel muy precario. La primera versión de la banda sonora de Birdcage la construí yo con una operación bastante similar a las anteriores y un par de pistas de pajaritos y ambientes que grabamos con una Tascam en el Palacio Lung Fung, pero no quedé conforme. Quería probar utilizando canciones de artistas que me gustarán y arme una segunda versión. Me comuniqué con Pascual Mena, amigo y colega, y me recomendó trabajar en conjunto con Pablo Thiermann para un nuevo diseño. Nos trasladamos a su estudio y tuve la oportunidad de crear foleys con buenos equipos. En conjunto fuimos experimentando y probando con distintas operaciones hasta llegar a una versión que nos contentara a ambos. Pablo tiene un excelente oído, es muy creativo y sensible a sutilezas sonoras que para mí son fundamentales y dan vida a planos que antes podrían parecerte insípidos y sin carácter. En general, tanto con Carolina, Pablo y todos los que colaboraron fue una experiencia enriquecedora y plena. Hay que saber escuchar las buenas ideas de gente con talento y oficio, darles el suficiente espacio para que operen con autonomía y no se vuelva un ejercicio de dominación, sino de intercambio y seducción, admiración y respeto.

 

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Bondadosas mujeres fatales

Tuve una infancia rodeada de máquinas y accesorios fotográficos: cámaras de distintos formatos, máquinas ampliadoras, químicos, polaroids, etc. Mi padre era dueño de una cadena de casas de fotografía y revelado llamada Casa Serra, que estaban dispersas por distintas galerías y calles del centro de Santiago; Galería Metropolitana, San Antonio, Tenderini. Pasaba muchas horas en esas galerías –que adoro–, y edificios antiguos de largos pasillos penumbrosos entre pisos y extraños personajes que alimentaban mi curiosidad.

 

Para mí siempre hubo una atmósfera misteriosa y reveladora, e imaginaba historias en su mayoría de suspenso, transacciones y abstracciones sexuales. Veía como mi padre trabajaba con modelos en su estudio, y luego lo acompañaba al cuarto oscuro y hacia grandes ampliaciones sobre el muro con un sistema casero con una ampolleta, no con las ampliadoras oficiales. Ese era su modo para imágenes de gran formato y le acomodaba. Creo que de ahí viene parte de mi fijación con las “mujeres fatales”, mujeres con un gran potencial sexual que me trataban dulcemente después de terminadas las sesiones. Estaba constantemente rodeado de ellas, eran intimidantes en su exuberancia pero al mismo tiempo bondadosas. Miraba sus cuerpos desnudos mientras eran fotografiadas, luego tenía que arrancar y me perdía por los laberintos del antiguo edificio, en el que hoy hay un gran número de piezas privadas para tener sexo, un precario comercio de prostitutas —inmigrantes en su mayoría— económicas, según lo que he escuchado.

 

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Reflejos, rincones, retratos, abstracciones

Tuve mi primera cámara réflex a los 13 años, era un Nikon FG-20 con un 28mm fijo. Mi padre me enseño a usarla, y comencé a tomar mis primeras fotografías en blanco y negro; reflejos, rincones, retratos, abstracciones. El video llegó después; junto con mis amigos salíamos a andar en skate y nos grabábamos e imitábamos escenas ridículas que veíamos en los videos que nos gustaban. Empecé a perder el interés por ese tipo de escenas, y comencé a experimentar con mi hermano menor. Lo vestía de un modo particular y lo hacía leer cosas, fragmentos de textos literarios y delirios en una zona de cerros solitarios cerca de la casa en la que vivíamos en ese tiempo. Yo siempre quería llegar más lejos, estaba obsesionado con la idea de que algo iba a aparecer, algo inesperado y movilizador. Mi hermano era muy pequeño, tenía alrededor de 9 años, comenzaba a cansarse y a perder el interés, me pedía que volviéramos a casa. Yo no dejaba de grabarlo en ningún momento, no quería perder ningún frame, era un poco acosador el ejercicio, pero sentía que algo estaba descubriendo y mi hermano era absolutamente sencillo y conmovedor, un excelente actor. Ahí hice mis primeros armados, y a ponerle sonido a mis planos. Luego comencé a hacer el mismo ejercicio con amigos, mi madre, novias, sujetos de la calle, ahora con situaciones un poco más elaboradas.