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19.07.15

Entrevista: Sebastian Gherrë

¿Qué sería de Robert Mapplethorpe en la era de Grindr? Los sujetos fotográficos del amigo de Patti Smith llegaban a su estudio a la antigua, siendo reclutados de bares bondage y sadomasoquistas. Hoy el crusing artístico ya no es necesario. Hay una app para eso. Lo fanáticos de la galería online de http://www.gag-ball.com Gäg-Bäll –un proyecto del fotógrafo chileno Sebastian Gherrë– están rogando en la sección de comentarios para convertirse en el próximo en ser retratados en blanco y negro, por un profesional y en formato análogo, un filtro que Instagram aun no implementa. En su portafolio abundan imágenes eróticas cándidas –pero nunca espontáneas- de jóvenes homosexuales en un ambiente sencillo, usualmente entre sábanas blancas. Narciso post-internet retratado, como una selfie sacada por otro.
Texto: Gerardo de la Maza. Fotografia: Gäg-Bäll.
En tiempos que el sexo en el arte difícilmente asombraría a alguien informado y en simultáneo Instagram censura los pezones (femeninos) el tabú que devela Gäg-Bäll Gallery www.gag-ball.com no es mostrar desnudos sino subvertir la actual imagen pulcra de la homosexualidad y darle exposición local a prácticas que son hot topics entre voyeristas virtuales: osos, transvestidos, látex, lluvia dorada, amarras, tríos, poppers y accesorios eróticos como la propia mordaza de bola que da nombre al proyecto. Etiquetas claramente vintage, pero protagonizadas por chilenos amateurs. Un cometido que Mapplethorpe cumplió sin piedad, Wolfgang Tillmans con una sonrisa irónica, Araki afirmando que “una cámara era un pene” y la revista Butt en tonos de gris y rosado. ¿Y Gherrë? Desde la intimidad y en primera persona.

 

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Durante tu niñez y adolescencia fuiste un outsider. ¿Fue la cámara una herramienta para interactuar?

Mi niñez fue muy complicada. Pasé por muchos colegios  y me costaba mucho encontrar afinidad con los niños de mi misma edad. Siempre tuve intereses fuera de lo común, por eso mismo entré a estudiar al Teatro Municipal el 98.

Desde  muy chico estuve ligado a la música y arte por parte de la familia de mi madre. Creo que eso mismo me alejó un poco de tener amigos cuando niño. Muchos preferían jugar a la pelota o cosas por el estilo, mientras yo tenía una obsesión con Chopin; el fútbol lo encontraba muy fome y monótono, creía que era tan tonto correr detrás  de una pelota cuando en realidad  jugar a un programa de cocina era mucho más lúdico y se acercaba más al teatro.

Por otra parte, en el Municipal todo era diferente. Prácticamente todos mis compañeros eran gay y se respiraba un aire de libertad único. Era un país que estaba en pleno proceso de reconstruir su democracia y por fin había encontrado un lugar para ser quien era, sin sentirme reprimido o tratar de no gesticular de manera excesiva para pasar “piola”. Simplemente podía vivir sin cuestionarme nada.

Yo creo que justamente esa libertad me llevó a la foto de registro. En ese momento todo era nuevo en mí, mis primeras experiencias sexuales comenzaron en este mismo período, y siempre tuve una obsesión con lo documental, ¡a modo de no olvidar! Una cosa llevó a la otra, sin forzar nada.

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Mi primera etapa fue desde la no técnica fotográfica, porque en verdad no tenía ni la más mínima idea de fotografía, usaba muchas Polaroids y 35mm Hand-Pocket Camera, casi por instinto. En ese tiempo ni siquiera pensaba estudiar fotografía o algo relacionado con arte. Me producía tanto morbo el registro natural, esa soltura de no posar y solo inmortalizar el momento con el chico de turno.

Es precisamente con la obra del período entre 2008 al 2011 con la que tengo  más afinidad. Siempre que la vuelvo a revisar me siento un adolescente otra vez  y me digo a mí mismo: “tanto cabro lindo que pasó por mi cama”.

 

¿Qué decisiones de vida te han marcado y te han convertido en la persona que eres hoy?

Definitivamente, no haber estudiado lo que mis papás querían. Me costó mucho hacerles comprender mi obra, fue todo un proceso que me llevó años de persistencia,  sobre todo para mi papá que fue al que más le chocó ver a su primogénito en plena acción de web-performance. Mi familia en general siempre me criticó el hecho de no haber estudiado una carrera tradicional. De alguna forma, siempre fui la oveja negra en todos los sentidos dentro de mi círculo. No estoy seguro si hoy en día lo comprenden del todo, pero  lo respetan y sé que cada cierto tiempo están revisando mi sitio web.

 

¿Qué tipo de personalidad funciona a tratar con tus sujetos? ¿Basta con la tuya o debes asumir otra?

Soy un hombre bastante dominante en todos los sentidos. No sé si adopto una postura diferente a quien soy en realidad. Me encanta tener el control dentro del proceso de la obra. Siempre he recalcado que trabajar desde lo natural y la fluidez de mis chicos es la clave, pero siempre necesitan un guía para llegar a ese clímax. Desde el momento que están frente a mí, erectos, de alguna forma tengo el control del registro, pero sin interferir en que ellos se muestren tal cual son. De hecho, esta es la idea principal del proyecto, retratarlos en su propio espacio y libertad.

 

Mencionaste alguna vez situaciones de peligro y pagar por prostitutos para tus fotos.

Prefiero no hablar de esto.

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El mundo que retratas es pequeño y sesgado. ¿Cómo lo describirías tú?

La vida sexual de los jóvenes gay de hoy en día es todo un submundo tecnológico, somos una generación hedonista y adicta a la interfaz digital. Somos muy diferentes a los que vivieron en dictadura, por ejemplo. Nuestra vida social, emocional y también sexual se desarrolla en internet y en aplicaciones como Grindr, Manhunt o chats para encontrar sexo; ya nadie quiere ni tiene tiempo para establecer relaciones o vínculos. Hemos perdido un poco esa identidad para generar lazos, somos la generación del “Te Amo”,  de la “Selfie” en el baño después de la ducha y de los que alimentamos nuestro ego con “Likes” en Instagram.

Muchos de los que participan en mis fotos buscan eso, exponer su cuerpo y hablar de lo que a ellos los calienta, demostrar que pueden hacer lo que otros quieren, pero que  por múltiples factores no pueden. Hablo de que somos hijos de  una generación de papás sumamente castrados y prejuiciosos y muchos cargan con ese estigma en su día a día. Me cuesta entender o creer que aún existen hombres que se casan con mujeres sólo para no asumir que son homosexuales o que algunos no estén de acuerdo en que somos una juventud que ha creado su identidad en base a los fetiches. De hecho buscar porno para masturbarse o preferir tirar con calcetines puestos,  ya es uno.

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He tenido la suerte de conocer muy de cerca el mundo del BDSM. En Chile existe en menor escala que en Europa, pero aún así, han creado toda una red de contacto cibernético para organizan fiestas temáticas y juntas sociales llamadas “Whip&Go”  donde convergen masters, slaves y vainillas, dando rienda suelta a sus pulsiones más fantásticas, dignas de una película de ficción. Entre el 2012 al 2013 mi obra se cargó de esta energía y me dedique a retratar parejas que vivían bajo este acrónimo 24/7.

 

Hoy en día dentro de la escena gay, o en su mayoría, conocen o saben que es Gäg-Bäll, muchas veces porque han visto algún amigo de ellos en mis retratos o simplemente porque un amigo de un amigo le mandó el link y así;  pero el miedo de reconocer que disfrutan o que se erectan al ver mis fotos en la web, muchas veces los persigue y piensan en el juicio del otro. Muchos en la actualidad viven y actúan en base a lo que socialmente está bien y lo que no mientras que otros viven libre su sexualidad en un país que cada día y lentamente tolera nuevas formas de expresión.

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Observando tu obra, da la impresión que tus fetiches van cambiando con el tiempo.

Claramente no son los mismos que tenía a los 15 ó 16. En mi iniciación sexual, sentía mucha atracción por el sadismo y ocultismo, de hecho estaba completamente influenciado por  Aleister Crowley y su filosofía de obedecer a nuestra propia voluntad, quería de alguna forma encontrar la purificación del alma a través de la práctica sexual. Muchas veces fueron encuentros grupales que no necesariamente implicaban intercambio de fluidos o actos penetrativos, al contrario, jugábamos mucho con la psicomagia para llegar al punto  de la autorrealización (sexualmente hablando).

 

Cuando  salí de la enseñanza media, me sentí muy atraído por Sigmund Freud  y la teoría de la fase anal como un punto de la organización psíquica; necesitaba encontrar respuesta a mis deseos, crecí muy confundido  dentro de una familia súper católica donde siempre me recalcaban lo que estaba bien y lo que estaba mal. Entonces sólo quería comprender mi pulsión por la golden shower o mi fetiche con la ropa interior usada de mis modelos (muchas veces me robé algunos de sus boxers… ja, ja, ja).

 

Hoy en día mi parafilia preferida es jugar por web-cam vestido de látex. No lo puedo hacer todo el tiempo, pero cuando encuentro un modelo más open-mind, le propongo jugar por ChatRoulette un rato. Pero definitivamente mi preferida es ver a chicos teniendo sexo  grupal, ¿Cómo explicarlo de  forma fácil?  Es como una porno en livestream con olores y todo. Algo así como una  4D.

 

Tus sujetos van cambiando, ya no son sólo hombres sino que has retratado también mujeres.

Muchas feministas me han tratado de misógino y de que sólo busco la cosificación sexual. Esto no  es verdad bajo ningún punto. Siempre he estado muy dispuesto a retratar a quien sea, sin importar su sexo o preferencia sexual, pero también se entiende que siendo yo gay es mucho más difícil  para un heterosexual llegar a la erección mientras lo estoy mirando.

 

Por otro lado, trabajar con mujeres siempre ha sido un tema. Es muy complejo encontrar un punto de concordia con ellas, tienden a ser muy obsesivas y miedosas a la misma vez. Me cuesta encontrar ese punto perfecto de retratar, las mujeres tienen muchas más trancas a la hora de mostrar genitales por ejemplo. En cambio los hombres es lo que más quieren: ¡alardear! Son extremadamente falocéntricos (me incluyo)  entonces los procesos creativos son muchos más simples y sin tantos peros.

 

Este año he  logrado retratar a 4 mujeres que han funcionado fantástico. Creo que la obra que más me gusta es la de la Catalina de Rozas mientras hace pipí en la tina de la casa de su madre. Es una obra potente en todo sentido, más aún porque la protagonista es justamente una mujer.

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En la de escala de Maverick Men a Robert Mapplethorpe, ¿de quién te sientes más cercano?

Es extraño, pero no me siento ligado a ninguno de ellos. Es verdad que con el tiempo mi obra sin querer se ha acercado al legado de Mapplethorpe, pero esto es una sombra que toda obra de temática gay tendrá que cargar, más aún si son placas en blanco y negro. La verdad, si tuviera que definir de quien me siento más cercano o influenciado a lo largo de mi  vida, claramente es Nan Goldin, Richard Billingham, Ryan McGinley, Tom Bianchi y Paz Errázuriz.

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Lo tuyo es mostrar vergas con caras, que es lo opuesto a gloryholes y darkrooms. ¿Qué otras situaciones eróticas te la bajan?

El poco entendimiento de que es higiene personal y claramente el uso del condón, aunque siempre lo uso.

 

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Muchos de los que participan en mis fotos buscan exponer su cuerpo y hablar de lo que a ellos los calienta. Demostrar que pueden hacer lo que otros quieren, pero que no pueden.

 

Mi parafilia preferida es ver a chicos teniendo sexo  grupal. Es como una porno en livestream con olores y todo. Algo así como una 4D.

 

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Texto: Gerardo de la Maza. Fotografia: Gäg-Bäll.