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23.10.18

Música ecuatoriana de exportación

Fascinada por el tecno y el brit pop, tenía 17 años cuando abandonó Quito, su ciudad natal, para probar suerte con su familia en Estados Unidos. En la escena under de Nueva York empezó a ganar notoriedad como la front woman de la banda new wave Selebrities y sus canciones en inglés cargadas de oscuridad y distorsión, hasta que un día se dio cuenta que estaba olvidando el español y decidió que tenía que “dejar que la lengua nativa hablase”, iniciando un viaje de autodescubrimiento por 10 lugares del mundo – incluido Santiago e Isla de Pascua – que dieron forma a Amparo, su primer trabajo solista, el que reúne 10 canciones de melodías luminosas y ricas en influencias latinas capaces de transportarnos a una playa tropical.
Texto: Francisco Pérez. Fotografía: Audrey Melton.

 

“Quisiera poder teletransportarme a Ecuador por lo menos una vez a la semana. Pienso todo el día en su gente increíble, animales, plantas, comidas y paisaje. Aunque voy cada año, no se me hace suficiente. Es un país increíble y me siento muy agradecida de haber crecido allá, pero como cualquier otro país latinoamericano, ha sufrido mucho económicamente, en parte por gobiernos corruptos que han creado una sociedad inestable.

De adolescente empecé a reconocer esta parte oscura del país y decidí irme por la falta de oportunidades, pero me mantengo positiva y espero que la situación cambie.”

Radicada en Brooklyn hace más de 13 años, una tarde conversando con un amigo se dio cuenta que le costaba hablar español, lo que la decidió a “dejar que la lengua nativa hablase” y partir una aventura que la llevó a recorrer Ecuador, Buenos Aires, Santiago, Isla de Pascua, Barcelona, Lisboa, Costa Rica, Florida y Brooklyn, lugares donde escribió y compuso Amparo, su primer trabajo solista y que funciona como un regreso a sus raices, abrazando los instrumentos y ritmos que marcaron su infancia, como marimbas, timbales, quenas y xilófonos. “Siento que los dos años que viajé y escribí Amparo fueron solo un sueño. Memorias esparcidas y mezcladas en mi cabeza de un lugar con el otro”, asegura.

 

Tu disco lo grabaste en 10 lugares distintos, incluido Santiago y la Isla de Pascua. ¿Cómo fue esa experiencia?
En Santiago estuve con amigos, fuimos a fiestas, y a bailar. También fuimos a la montaña y a Valparaíso. En Isla de Pascua fue una experiencia completamente diferente. Fui sola y al llegar renté una cabaña modesta fuera del pueblo. El primer día me dediqué a caminar y vi el atardecer sentada cerca de los Moai. Los días pasaron y yo escribía, componía, caminaba y tomaba tours para ver más de la isla, aprendiendo de su historia que es fascinante. Tuve encuentros con gente local que me enseñaron un poco de palabras en rapa nui. El día que me fui podía decir un par de frases y me sentí increíble de haber aprendido tanto. Antes de ir en este viaje me sentía muy perdida emocional y creativamente. Saliendo de mi banda anterior no tenía rumbo y no sabía que realmente hacer excepto que quería re conectarme con mi lengua materna. En la isla empecé a escribir ‘Moai Y Yo’ e ‘Isla Mágica’.

 

“Yo siempre digo que tengo oídos viejos porque todavía prefiero escuchar una canción de Mercedes Sosa, Chavela Vargas o Charlie Garcia a algo nuevo, pero últimamente me le estoy enfocando en lo nuevo y dando una oportunidad. Hay gente muy talentosa en nuestro continente del sur. Me encantaría a mi tocar en Sudamérica, aún no lo hago. “Hay que venir al sur”, como dice Rafaela Carra.”

 

¿Podrías nombrarnos a algunos de estos nuevos talentos?

En los tres últimos años se puso de moda cantar en español o spanglish y hay una ola de nuevos artistas que han entrado con fuerza al mercado estadounidense como Kali Uchis, Helado Negro, Empress Of, Cuco, DJ Python y Rosalia de España. Este ‘movimiento’ me parece genial, porque nuestro lenguaje es muy hermoso. No queremos murallas en la música, ni en la migración.

 

Formas parte de sellos internacionales con sede en Nueva York y Suecia. ¿Cómo es el mercado estadounidense y europeo para los artistas latinos?
Los dos últimos años he visto surgir a muchos cantantes jóvenes, de ascendencia hispana o inmigrantes, como yo, y siguen apareciendo más. Mi idea de ser parte de una disquera local y otra europea fue para ver si podía abrir más este mercado europeo. También salió mi disco en una disquera japonesa y creo que eso ayudó, porque cuando fui a tocar en Europa y Japón mis shows fueron bien atendidos. Me llamó la atención que la mayoría de la gente que iba no habla ni una gota de español, lo cual me hizo dar cuenta que en la misma forma que yo disfruto canciones en otros idiomas que no entiendo, mis fans también lo hacen. Es una conexión a las melodías más que al significado de las letras.

 

En Amparo incluiste distintas lenguas como rapa nui, quechua, bribri y catalán. ¿De dónde nace esta obsesión por los idiomas?
De pequeña tenía amigos en mi clase de piano y teatro de otros países, creo que desde ahí nace una conexión con los idiomas. Además, me encantan los sonidos que un lenguaje puede crear. En rapa nui se utilizan muchas vocales, como en otros idiomas de Polinesia, lo que suena muy hermoso y me da una sensación de abrigo.

 

¿Qué recuerdos musicales tienes de Ecuador?
De pequeña mi papá tocaba los Beatles todo el tiempo y a mi mamá le gusta mucho Abba. Luego En la secundaria me gustaba mucho el techno, pop alternativo latino, brit pop. Pero la música folklórica estaba en todos lados, las flautas andinas, tambores y guitarras se quedaron en mi memoria. A veces escucho folclore en el tren de Nueva York y de inmediato me pongo nostálgica de casa.

 

Hace pocos meses Maria lanzó Bosque de Bambu, un nuevo single de synth-pop capaz de hacernos bailar con sus letras que nos habla de un amor “sin límites y de romper las reglas”.

 

¿Cuál es tu forma de romper las normas?
Es una cosa media privada, pero te puedo decir que mi relación amorosa anterior me hizo entender mucho sobre mi misma: a veces uno se enamora de alguien que no lo espera. Para mi estar con esta persona fue algo increíble, algo que me hizo crecer mucho, en un principio fue muy difícil por las normas con las que había crecido y fui educada. Pero descubrí que está bien perderte un poco en alguien y no siempre estar en control.

 

 

 

Texto: Francisco Pérez. Fotografía: Audrey Melton.