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07.11.18

Alex Anwandter, un rebelde con causa

Después de participar en las marchas del 2010 y 2011, Alex tomó consciencia de que su trabajo no había tenido mucha relación con lo que estaba sucediendo en el país: "¿Cómo es posible que mi participación -donde los pacos me salen persiguiendo como a todo el mundo- no se refleja en mi música?". Desde allí su música ha dado un vuelco hacia una fuerte crítica social y a sí mismo. Conversamos con el cantante de su carrera, el pop, la política y su nueva vida en L.A.

Entrevista: Diego Ignacio Ramirez.

Con su tercer proyecto solista – después de “Rebeldes” (2011) y “Amiga” (2016)-, Alex continúa el sonido pop bailable que lo ha caracterizado, inspirados en el house y la música disco de los 70´s, sin dejar de lado una fuerte crítica a la sociedad y a sí mismo, porque para el artista chileno residente en Los Angeles, el pop y la crítica social sí pueden ir de la mano. “Existe una tradición de artistas que han logrado mezclar lo pop y lo político, como por ejemplo Jorge González y, afuera, Pet Shop Boys, los cuales tienen un discurso casi marxista. Sin embargo, esto solo se trata de una excepción, puesto que desde los 70s hasta principios de los 2000s la música chilena era apolítica, debido a una idiosincrasia y autocensura que implantó la dictadura y que no terminó con la vuelta a la democracia. De esta forma, el álbum ‘Latinoamericana’ hace referencia a una especie de reparación simbólica, especialmente de los 70s, donde el panorama cultural chileno era muy oscuro”.

Es por eso que Latinoamericana, su tercer disco lanzando el pasado el pasado “Día de la Raza”, Alex profundiza su discurso y busca reparar aquel momento en que la música chilena y la protesta social vieron terminado abruptamente su vínculo durante la dictadura.

 

 

El tono de tus composiciones parecieran haber cambiado con el paso del tiempo, siendo posible ver una transición desde tus primeras canciones intimistas, donde las experiencias personales eran el foco de atención, hasta las más recientes, donde aparece una energía más social o colectiva.

La explicaría como un esfuerzo consciente y que partió en el 2010 y 2011, cuando me encontré participando en un montón de tomas y marchas, cantando temas que no tenían que ver con nada de lo que estaba pasando en ese momento. Esto provocó una sensación muy rara, de ¿Cómo es posible que esta colaboración en las marchas, y que los pacos me salgan persiguiendo junto con todo el mundo, no se muestre en ningún grado en mi música? Es así como comenzaron los esfuerzos por conectar ambos mundos.

 

En la actualidad diversos autores han comenzado a re-escribir la historia oficial (caracterizada por tratarse solo de hombres-cisgénero-heterosexuales-blancos), sumando nuevos personajes anteriormente anulados por su otroriedad. En tu caso, has comentado que tu sonido gira en torno a un imaginario musical que jamás existió, debido a cómo las dictaduras erradicaron los discursos culturales opositores. ¿Crees que la música puede ayudar a recomponer o desarrollar imaginarios que han sido truncados por la política? 

Yo no creo que la inclusión o mención del espectro del género sea una cosa reciente en mi trabajo, simplemente ahora está mucho más explícito y más definido a nivel de discurso. Siempre me acuerdo de la canción “Granada” de Teleradio Donoso, donde el coro decía: “yo quiero ser una estrella y ser bella para él”. Este era un grito fervoroso sobre la subversión, sin embargo, debido a que la estética del grupo era tan heterosexual, no se prestó mayor atención, siendo que hace referencia a una cosa súper personal mía. Esas convicciones personales e ideológicas hoy en día son mucho más explícitas, dejando en claro mi posicionamiento respecto a todo.

 

En entrevistas anteriores has mencionado que aún cuando sientes que puede existir un cambio a nivel social a través de la cultura, éste es extremadamente lento. ¿Crees que el arte será tu única plataforma de lucha por el momento?, ¿Has pensado en una carrera política?

Jamás he pensado en una carrera en política porque creo no tener la personalidad, y como dijo Otto von Bismarck: ‘Las salchichas y la política es mejor no saber cómo se hacen’. Creo que existe algo muy cerdo en el desarrollo de ambas, teniendo que hacer siempre concesiones valóricas. Yo soy un poco más dogmático supongo, no puedo sonreír si no tengo ganas de hacerlo, por eso salgo siempre serio en las fotos [ríe]

 

 

Tomando en cuenta que resides en Los Ángeles, pero que tu álbum más reciente gira en torno a la historia de Latinoamérica ¿Crees que esta lejanía te ha dado claridad respecto a la situación del continente?

Me ayudó no estar en Chile, que es un país muy intenso, por lo que es fácil estar envuelto en la “pelea chica”. Al residir en Los Ángeles (Estados Unidos), me di cuenta rápidamente de un sentimiento u ola fascista que estaba surgiendo en el continente, la cual fue más fácil de captar al no estar todo el rato pendiente de lo que decía gente como Jacqueline Van Rysselberghe. De hecho, gracias a esta nueva visión de las cosas, pienso que no existe ninguna razón por la cual no pueda aparecer en Chile un payaso satánico como Jair Bolsonaro [actual presidente de Brasil] con el cual la gente va a empatizar. En este sentido, incluso con el supuesto “despertar de la nación” post [Dondald] Trump, en Estados Unidos sigue existiendo una gran cantidad de personas que se encuentra satisfecha con ese tipo de política neofascista, y eso verdaderamente me aterra.”

 

En la canción “Cabros” (2010) hablabas de prenderle fuego a la Moneda, sentimiento cercano al que expresa “Manifiesto” (2016), donde se espera la eliminación de la iglesia. No obstante, en “Odio a todo el mundo” (2018) se percibe un deje de pérdida de esperanza, como si ya no dependiera solo del individuo el cambio (“El presidente bufón, Apretaba un botón, Y este mundo, Este odio, Se esfumó). ¿Es posible que tu idea de un cambio a nivel cultural y social haya cambiado?

Ya no tengo esa sensación de tener la solución con respecto a nada, me cuesta mucho ser positivo en este momento, y esto se debe al nuevo discurso que antes no era socialmente aceptado, pero que hoy parece validar el ser fascista. Esto ha provocado una diferencia en el clima interpersonal y político, donde repentinamente la existencia de algunos puede ser negada. Como en el caso de Estados Unidos, donde la administración de Trump hace algunos días realizó un memorándum que buscaba definir a las personas por su biología genital, erradicando básicamente la existencia de las personas trans. Esa incertidumbre, debido a la validación de ciertos sujetos en el poder, es la que me aterra y se ve reflejada en el disco.

 

Como hombre biológico, ¿cómo logras apoyar sujetos vulnerados, como la mujer, sin apropiarte de su lucha?

Creo que es más un camino que una meta, porque rápidamente podemos caer en el juego de decir: “estoy completamente de-construido y soy un hombre nuevo superior”. No considero que esté en una especie de búsqueda de no tener contradicciones en mi vida, y no sé si a lo largo de ella lograré sacarme la estupidez de lo que significa ‘ser hombre’, pero sí creo que la manera más sencilla de ayudar es pronunciarse. Todo es un dialogo, donde hay que dejar esa noción mesiánica masculina de: “yo, desde mi escenario, voy a proponer la repuesta a los problemas del mundo”. No funciona así, jamás lo ha hecho.

 

¿Cómo ayuda en tus canciones el utilizar el género femenino?

Más que ponerme en el lugar del otro, se trata de verbalizar una especie de alianza, asociándome a una cosa y desasociándome de otra. Aun así, debido a la forma en que lo expreso, puedo ser entendido de muy diversas maneras, como por ejemplo con la canción “Manifiesto”, donde hay personas que dicen: “Este chico ahora se cree mujer, se cree del pueblo”. Estamos hablando de una canción, ¡claro que no vivo en un pueblo, claro que no soy mujer, es una frase poética!

 

 

En tu álbum anterior se planteaba el amor hacia una persona extranjera, siendo ejemplo de ello “Shanana” (“Tú nombre es difícil para mí pronunciar, es extranjero como todo sentimiento”), mientras que en Latinoamericana se habla directamente de una conexión entre distintos mundos, como bien explica el término “Axis Mundis”, nombre que también lleva una de las canciones del disco.  ¿Cuáles son las características que debería tener la nueva música de América Latina con fin de reconocer su pasado colonial, pero entendiendo que vivimos en un mundo globalizado?

Aún cuando mi proyecto logra un precedente al conectar lo social y lo artístico, existe toda una generación de niños, profundamente involucrados políticamente, cuyo máximo ídolo es Mac DeMarco, el cual se caracteriza, irónicamente, por un formato heterosexual y masculino. Esto último creo que tiene que ver con toda una narrativa blanca, masculina y heterosexual preponderante en nuestra región. Donde, por ejemplo en México, todas mis entrevistas hablan sobre lo inaudito que es el hacer pop con contenido. Situación aparentemente opuesta al rock, donde se siempre se espera exista un fundamento. Incluso cuando estos últimos se traten siempre de los mismos problemas internos de hombres blancos heterosexuales, los cuales me sorprende que aún nos sigan importando.

Esa dicotomía puede verse reflejada también en la película de Lady Gaga “A star is born”, donde aparece la lucha entre el cantante country blanco ‘autentico’ y la artista que se vende por cantar algo accesible. ¿Por qué lo femenino y lo pop es tonto mientras que lo masculino y el rock es auténtico? Y aún en otros casos como en “Call me by your name”, que la gente amó porque se trataba de una pareja gay, se olvidan que continúan siendo sujetos blancos, millonarios y que actúan como heterosexuales.

 

Tanto en “¿Cómo puedes vivir contigo mismo?” como en “No te puedes escapar” haces alusión a un mundo LGBTQAI que vive su sexualidad de manera libre y orgullosa, imagen que hace algunos años era imposible de mostrar. ¿Crees que el mundo mainstream va en camino a una aceptación del imaginario LGBTQAI o solo se trata de una coaptación oportuna del sistema económico?

Creo que nivel a de industria es más importante el dinero que la validación de identidades diversas, donde aún existen hombres, mujeres y trans que no pueden andar libremente de la mano. En este sentido, no creo que exista un correlato entre esta nueva validación y la realidad en que vivimos, donde pareciera que está bien mostrar relaciones e identidades no heteronormadas en un contexto lejano, gringo, pero no en Chile. Sin embargo, considero que es importante confrontar lo mainstream con lo LGBTQAI, como cuando participé en los Grammy Latinos (2016), donde “Siempre es viernes en mi corazón” estaba nominada. En esa ocasión canté de manera deliberada “Manifiesto” para que no existiese ningún tipo de ambigüedad sobre lo que soy y lo que pienso.

 

 

 

 

Finalmente, respecto a sus proyectos paralelos Anwandter comenta:

“Terminé el guión para una película a mediados de este año, y estamos viendo los fondos para poder filmarla, lo ideal sería poder comenzar a grabar el próximo año para así estrenar el 2020. Por otra parte, he estado en conversaciones con Francisco Victoria [del cual fue productor de su álbum debut] sobre su próximo disco, además de otra persona que prefiero aún no revelar”.

Alex Anwandter presentará oficialmente Latinoamericana en vivo el 18 de noviembre en Teatro Universidad de Concepción, y el 22 de noviembre en el Teatro Caupolicán. El artista también tiene programado dos shows en México, el 1 de noviembre en el Distrito Federal, y el 2 de noviembre en Monterrey.

 

Entrevista: Diego Ignacio Ramirez.