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12.11.18

La terrorífica película chilena animada

La Casa Lobo narra oníricamente la historia de María, una niña alemana que escapa de la Colonia Dignidad y de un lobo que la persigue y encuentra refugio en una casa embrujada habitada por dos cerdos. Este terrorífico ‘cuento de hadas’ en stop-motion construido durante cinco años con cartón, papel, cinta adhesiva y pintura que fue filmada en distintas ciudades del mundo ha sido celebrado y premiado en festivales como el de Berlín y el de Aneccy, el más importante en la industria de la animación. Conversamos con los directores de la película acerca de su proceso creativo, de su trabajo por el mundo y de sus influencias.
Entrevista: Francisco Pérez.

Cristóbal León y Joaquín Cociña son dos artistas visuales que están experimentando con la técnica del stop motion desde el 2007, cuando formaron su productora Diluvio y lanzaron su primer corto animado. De eso han pasado 7 cortos más y algunos videos clips (para artistas como Camila Moreno o Diego Lorenzini), para llegar a La Casa Lobo, su proyecto más ambicioso.

Estrenada hace dos semanas, la película no ha dejado a nadie indiferente con su terrorífica historia y su animación, en la que los personajes se van reconstruyendo permanentemente.

 

Tomando como inspiración los cuentos de los hermanos Grimm, la película revive los abusos ocurridos al interior de Colonia Dignidad, una comunidad alemana ubicada en la región del Maule que funcionó como un estado totalmente independiente de Chile hasta el año 2005, cuando fue capturado por la justicia y condenado a cadena perpetua su fundador, el ex militar nazi Paul Schäfer.

Acusado de pedofilia, homicidio calificado, abusos y tortura, Paul Schäfer tenía estrictamente prohibido el contacto con el exterior y las relaciones sentimentales. Además colaboró con la Dina y con Bundesnachrichtendienst (el Servicio Federal de Inteligencia Alemana), quienes construyeron búnkeres, túneles, hospitales, radios, pistas de aterrizaje y una incipiente industria militar que producía armas de fuego, químicas y bacteriológicas.

Conversamos con los directores de la película sobre el proceso de creación – en la que trabajaron con un equipo formado por 8 personas -, sus referencias y financiamiento.

 

 

Ustedes hablan mucho sobre “el proceso es la obra”, ¿pueden profundizar en eso?

Cristóbal: Desde nuestros primeros cortometrajes e instalaciones hemos trabajado con la idea de hacer obras que traten sobre procesos. Por ejemplo, Lucía, nuestro primer trabajo, nació de la idea de hacer un corto sobre el proceso de hacer y borrar dibujos. Nos interesa hacer obras que exhiben sus huesos, sus entrañas. Esto lo llevamos a cabo haciendo películas de animación en las que todo el aparataje técnico es visible, transformando el proceso de producción en una obra. En el caso de La Casa Lobo, la filmamos durante cinco años en distintos museos y galerías: la Upstream Gallery de Amsterdam, el Museo Nacional de Bellas Artes de Santiago, el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, la CASA MAAUAD de México, entre otros lugares históricos. Hicimos una serie de exhibiciones en las que instalamos nuestro taller en espacios de arte y trabajamos ante los ojos del público.

 

¿Cómo financiaron el proyecto?

Cristóbal: Con distintos fondos estatales, todos chilenos. Hace tiempo que estamos interesados e investigando en entender los procesos como obra. Nos gustan las obras en que se puede ver el proceso y en un punto nos pareció que lo más lógico era concretamente trasladar nuestro lugar de trabajo a lugares de exhibición, para así convertir el proceso en una obra itinerante. Fue una manera de continuar haciendo exposiciones durante el largo tiempo de rodaje. Y por último una estrategia económica para obtener fondos no solo del ámbito del cine, sino también de las artes visuales.

 

¿Cuáles son sus referentes?

Cristóbal: Creo que no pensamos mucho en referentes, no en el ámbito de la animación al menos. Pero nos da vergüenza no nombrar a Jan Svankmajer (artista y cineasta checo) porque, aunque no queramos, terminamos pareciéndonos.

Joaquín: Me gusta soñar con que nuestra película podría ser parecida a “The Way Things Go” de Fischli y Weiss (dúo de artistas suizos).

 

La exhibición de la película es acompañada con una exposición en el GAM, que muestra el proceso creativo y rodaje del film. ¿Nos pueden contar más de que se trata esa exposición?

Cristóbal: Esta instalación se presenta como una pesadilla a través de una pieza arquitectónica, fragmentos de la película, objetos, sonido y material documental, y estará disponible hasta enero. Por un lado, es una especie de making of, en versión instalativa de la película, y por el otro, una fantasía en la que Colonia Dignidad y Chile se han fusionado en un nuevo país, la República de Dignidad, y esta república le hace un homenaje a su obra de arte fundacional: La Casa Lobo.

Joaquín: es la muestra más compleja que hemos hecho en términos de cantidad de personas que colaboraron. Es también la muestra en que menos de nuestras manos hay en términos de materiales en la sala. El volumen recurrible o artefacto arquitectónico lo diseñó Ivan Bravo, lo construyeron alumnos del Campus creativo de la Andrés Bello, mandamos a hacer vídeos, el sonido fue de Claudio Vargas y la instalación técnica estuvo a cargo de Patricio Fernández.

Llevando la historia de la película a la vida real, ¿quienes creen que son los lobos?

Cristóbal: Creo que todos somos los lobos.

Joaquín: El lobo ¿y tu me lo preguntas?, el lobo eres tú.

 

La película se está exhibiendo en Santiago en el Cine Hoyts Plaza Egaña, Cineteca Nacional, Cine Arte Alameda y Sala K, además que en otras salas de Antofagasta, Quipué, Valparaíso, Talca, Concepción, Constitución, Valdivia y Puerto Montt.

 

Entrevista: Francisco Pérez.