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05.12.18

Entrópica saca la voz

Es una de las propuestas más prometedoras del nuevo electropop chileno y hace unos días lanzó su quinto trabajo de estudio, NARF, bajo el sello Pirotecnia, y en marzo lanzará el siguiente, el que promocionará presentandose por primera vez en el Lollapalloza. Entrópica viene recargada tras una exitosa gira por México y Estados Unidos que la tuvo tocando hasta tres veces por día e intentando hacer bailar al exigente público neoyorquino. Galio conversó con ella sobre romper con las categorías sexuales, su nuevo disco y feminismo.
Texto: Felipe Morandé. Fotografía: Tomás Eyzaguirre.

 

Francisca Bascuñán, aka Entrópica, odia las categorías. Le cargan y medio que se desespera cuando habla del tema: “a la mayoría de la gente no le gustan las ambigüedades”, dice de un país en el que le han gritado lesbiana en el metro y posteado “música para putos” en un video que tiene junto a Namuel. “Odio que se deje de ser persona y nos convirtamos en una clasificación tan básica como esta”, asegura la artista que viene llegando de una gira de 10 fechas en México y Estados Unidos y que esta semana lanza su quinto disco: NARF.

Rebelándose a esas categorías que tanto detesta, Entrópica ha construido su propuesta musical en base a una estética andrógina queda claro en el video de la canción SKPT que grabó en el hall del Museo de Arte Contemporáneo, donde aparece con un terno morado y el pelo corto anaranjado.

 

¿Por qué te llamas Entrópica?

Me gusta el concepto de entropía, en la física tiene que ver con los diferentes resultados que se obtienen al realizar un mismo experimento. La variable entrópica es algo que no se puede medir ni cuantificar y que afecta en tu resultado. Eso me pasa, siento que hay algo en mi proceso que hace que siempre salga algo distinto. Me gusta mucho hacer cosas distintas, me muero hacer un disco igual a otro.

Y es que Entrópica, antes de lanzarse en un proyecto independiente, estudió ingeniería en sonido y canto lírico, participó en un grupo de rap (LM2) y escribió canciones para otras personas y bandas como Lulu Jam. Fue en ese ejercicio, en las melodías que otros desechaban, que descubrió el potencial de un posible trabajo propio que trabajó y reunió en su primer EP homónimo. De eso han pasado seis años en los que Entrópica ha colaborado con otras voces del electro pop chileno como Javiera Mena, Mellamo Sebastián y Sofía Oportot, por nombras algunas. A pesar de que sus cinco discos y de repetir hasta el cansancio que ella es su propia productora, todavía hay gente que lo pone en duda. “Cuando digo que soy productora no me creen. Tengo que estar convenciendo constantemente a la gente de que hago mis discos casi en totalidad, hasta el raw mix. Me da lata tener que estar sacando el título para justificarme porque sé hacer cosas. Esa es una forma de machismo”.

¿Cómo es ser mujer en la industria de la música?

La industria siempre espera que entregues lo que ellos quieren, lo que necesitan, y muchas artistas mujeres caen en complacer más que hacer lo que sienten correcto. Es verdad que los hombres también deben cumplir expectativas pero existen más libertades para ellos en ese aspecto: libertades musicales, libertades estéticas e incluso de trato. Hasta hace muy poco era normal que un hombre “poderoso de la industria de la música” se te insinuara o te agrediera sexualmente, era aceptado y normalizado.

¿Qué te parecen los temas que el movimiento feminista ha puesto en la discusión pública?

Siento que visibilizar los asuntos de los que ahora estamos discutiendo es importante para que la gente se entere de que es una realidad. O sea, ser mujer en Chile es un problema: los salarios son menores, la isapre de nosotras es más cara. En esas cosas importantes, en la denuncia de abusos,  siento que la lucha vale la pena. Pero hay veces en que la discusión está canalizada a cuestiones como el lenguaje inclusivo y no sé si es tan necesario gastar energía en eso.

 

 

Sé que te marcó haber visto una entrevista de Grace Jones donde le preguntan por qué escupió en un concierto a un tipo a lo que ella respondió “jamás soportaré que me traten como un trozo de carne”. ¿Qué significó eso para ti?

Eso fue muy importante para mí porque con eso demostró que era una mujer que hacía lo que sentía, independiente si la gente estuviese esperando algo de ella, y eso me hizo pensar en que no tengo que agradar o complacer al resto. A veces incomodar a veces es el único camino que nos queda para defendernos, y si tiene que ser así que sea así. La mayoría del mundo espera que seas un trozo de carne y está bien si quieres serlo, pero también está bien si no quieres estar en eso.

Tu propuesta estética incluye recursos estéticos que fluyen entre lo femenino y masculino. ¿Te interesa diluir esos límites?

Absolutamente, como te dije, yo odio las categorías, eso de que la gente se encasille en heterosexual, gay o lo que sea. ¿Por qué simplemente no podemos ser persona? El etiquetado es lo que parte con los distintos tipos de discriminación y nos separa entre nosotros. Este es todo un tema, una vez unos productores de un casino en Viña estaban interesados en que tocara pero cuando vieron mis videos se les quitaron las ganas porque no entendieron si era mujer u hombre, quedaron un poco espantados con esa situación y al final no pasó nada. Entonces te das cuenta que todo ese tradicionalismo en cuestiones más convencionales te cierra las puertas. Te soy honesta: me encantaría que mi música llegara a más gente pero no estoy dispuesta a sacrificar lo que soy ni lo que hago.

Producir y componer todo tu material puede resultar un trabajo solitario. ¿Cómo llevas eso y de qué manera te distancias del producto final?

Sí, es terrible eso. Yo soy muy segura de lo que hago pero creo que un ejercicio clave es mandarle el material a mis amigos porque siempre tienen cosas que decir. Me pasa que las canciones se enriquecen mucho luego de ese feedback, son detalles que marcan la diferencia y hay que estar abierta tomar esas sugerencias y no cegarse.

 

 

En todos tus trabajos invitas a otros artistas a participar. ¿Cómo surgen esas colaboraciones?

Yo nunca pienso inicialmente que quiero invitar a alguien, pero cuando escucho la canción empiezo a sentir que necesita el aporte de otra persona. Todo es en función a la canción y lo que ella necesita más que “quiero hacer una canción con X persona”. Por ejemplo, cuando invité a colaborar a la Sofía Oportot fue porque necesitaba una voz femenina, angelical y punzante. Así han salido todas mis colaboraciones. En NARF hay solamente una colaboración, en el track 4, que es la batería acústica a cargo de Christian Hirth baterista de MediaBanda.

Este es tu primer disco exclusivamente instrumental. ¿Por qué esa decisión?

Siempre que termino un disco sigo haciendo música, es un ejercicio para no perder la práctica y no atrofiarme. Empecé a hacer instrumentales con la ilusión de que tuvieran letras pero con el tiempo me di cuenta que funcionaban solas y decidí dejarlo así. Con este trabajo también vengo a reafirmar mi faceta de productora porque mucha gente piensa que hay una persona detrás de mí que me hace todo cuando soy yo nomás.

¿Cómo estuvo la gira que hiciste por Norteamérica?

Fue increíble. Estuve en México y Estados Unidos y realmente la gente está muy interesada en conocer el trabajo de artistas, son motivados pero no es un público fácil. Cuesta hacerlos bailar. En Fue como un gran entrenamiento, en Ciudad de México hubo un día en que toqué tres veces. Terminé muerta pero me di cuenta de que puedo hacerlo. Incluso me presenté en un programa de televisión tipo matinal, fue algo muy loco. Después me fui a Nueva York y estuve en el Bowery Electric, Sofar Sounds y la última fecha en Philladeplphia en el Maas Building.

¿Quién de la escena actual chilena te parece interesante?

Me gusta caleta la Paloma Mami, encuentro que es una bacán. Hay un músico electrónico que se llama Lainus que hace poco lanzó un disco super interesante, otro que encuentro buenísimo es White Sample que hace música con modulares. Me gusta que sucedan cosas en distintos aspectos, hago el aseo todo los días con la Princesa Alba.

 

Texto: Felipe Morandé. Fotografía: Tomás Eyzaguirre.