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06.12.18

Nova Materia, de lo primitivo al futuro

Ella es francesa y él es chileno y juntos han marcado las noches santiaguinas de los noventa junto a Pánico, un proyecto punk formado en 1994 con el que hablaban libremente de sexo, drogas y experimentación a través de canciones como “Borrachas y extasiadas”, “Rosita quiere ser una Pornostar”, “Hoy no voy al colegio” y “Quiero estar anfetaminado”.

Considerado por algunos como los pioneros del indie chileno - ellos dicen que solo reprodujeron lo que se hacía en París -, congregaron a una legión de seguidores que se hacían llamar chicos y chicas pánicos que celebraba la desfachatez de la banda que se llegó a presentar en un programa en vivo de Canal 13 en acido. Ahora forman "Nova Materia", un proyecto post-punk ardiente y bailable con el que experimentan con nuevos instrumentos como huesos, minerales y piedras. Conversamos con ellos sobre la madurez, la vida en el Chile post dictadura, ecologismo y de Nova Materia.
Texto y Fotografía: Bastien Reveco. Asistente de fotografia: Clement Reveco.

 

Eddie Pistolas y Carolina Tres Estrellas se conocieron en París y decidieron hacer una banda juntos. Decidieron viajar a Santiago en 1994 con la idea de grabar canciones que habían compuesto en Francia para volver al cabo de un año y empaparse de algo similar a la “movida española”, el movimiento contracultural artístico post Franco en el que participaron Pedro Almodovar, el grupo punk Kaka de Luxe y Alaska y los Pegamoides, periodo que coincidió con la despenalización de la homosexualidad, la venta de anticonceptivos, el resurgimiento del feminismo y el laicismo en la sociedad.

Luego de dos o tres meses crearon Pánico – junto a Cristóbal Juanito Zapatillas y a Sebastián Tatán Cavernícola – y, viendo que las cosas funcionaban, en un escenario completamente distinto al proyectado, decidieron quedarse.Con una actitud rabiosamente punk e influencias psicodélicas, la banda con mucho humor y desfachatez editó entre 1994 y 1998 seis discos que se convirtieron en banda sonora para los jóvenes que después de 18 años buscaban en democracia enfrentarse a nuevas experiencias y sonidos. “Pánico llamó la atención ya que nuestras letras trataban la homosexualidad, las drogas, temas a los cuales estábamos muy abiertos y éramos los únicos que hablan de eso. Pero también por nuestra capacidad de provocar escándalo en los estudios de tele. Hasta en las cadenas católicas hicimos cosas que obviamente no se hacían –y menos en directo– como mostrar las nalgas o tomar ácido antes de subir al escenario”, recuerdan de esos años Eddie y Carolina, quienes volvieron el año pasado bajo un nuevo nombre: Nova Materia.

Con este dúo le abren la puerta a la experimentación, ocupando como instrumentos huesos, minerales y materiales recuperados en sitios de construcción. A través del pop y baile, cuestionan el mundo a través de múltiples experimentos de sonido con un único objetivo: “devolver la música al campo del arte”.

 

Han pasado 23 años desde Pornostar y, a la fecha, Pánico es considerada como una de las primeras bandas indie de Chile, generadora de una nueva escena.  ¿Cómo ven eso desde la distancia?, ¿lo sienten así?

Es verdad y no, al mismo tiempo. Cuando llegamos a Santiago en el ‘94, estábamos asombrados de ver que una gran mayoría de músicos –provenientes de medios populares– pasaban obligatoriamente por los sellos discográficos para grabar un álbum. Al mismo tiempo, en París, la autoproducción se había hecho la norma y los sellos independientes emergían poco a poco, procedimientos a los cuales nos acostumbramos y que, naturalmente, reprodujimos en Chile. Finalmente, hicimos lo que la gente ya hacía en París aún cuando nos sorprendíamos de ser de los primeros grupos que no estaban en un sello. Quizás es a ese nivel que logramos mover un poco las cosas.

 

¿El hecho de haber crecido en Europa influyó mucho en este lado punk?

Es claro que si hubiéramos crecido en Chile no hubiéramos tenido el coraje de hacer lo que hicimos con Pánico. Tú no puedes salir de una educación y una sociedad post-dictadura y hacer cosas sin tener miedo. Por ejemplo, en una de nuestras primeras tocatas en la Blondie, los pacos llegaron en la mitad del concierto, las chicas de un lado y los chicos del otro, revisaron a todo el mundo y el concierto terminó. Para nosotros fue fuerte, pero para ellos (el público) esto parecía normal.

No medíamos el peligro, nos daba lo mismo. Por una parte, estábamos protegidos por el hecho de que la Caro es francesa, aunque esto no impidió que un grupo de fachos me apuñalara, con lo cual estuve a punto de morir. Claramente este incidente puso término a nuestra primera época. Después nos calmamos un poco, pensé que quizás estábamos yendo un poco lejos.

 

Partieron muy jóvenes tocando música que hablaba de machismo, homosexualidad, catolicismo y drogas. Ahora se expresan de otra manera, mucho más difusa, y además están tocando instrumentos y naturales, como huesos y piedras. ¿Cómo ven estos cambios?

Ahora encuentro que nuestro discurso era un poco ingenuo. Con Nova Materia nos quedamos en un proyecto semi-político por muchos lados. Primero, el nombre del álbum, “It Comes”, que suena pretencioso, pero también por el formato de la banda porque reciclamos muchos instrumentos. Tocamos música con muy pocas cosas, lo que nos permite cuestionar algo fundamental como la ecología y la posición del artista y del “ser en el mundo”. Es lo que tratamos de destacar con Nova Materia: cómo reciclar el material, cómo usarlo y cómo llegar a la música con el material.

Luego, la idea de elegir como portada del disco a un ícono del mundo occidental cubierto de plástico, representa una pretensión política: la imagen de un mundo que estamos destruyendo, aunque no lo digamos de manera literal. Esa forma de expresión también se encuentra en Pánico, especialmente en el disco que grabamos en Francia (Telephatic Sonora del 2001), un álbum de cumbia que busca resaltar algunas culturas que a veces son difíciles de aceptar cuando forman parte de los cimientos de nuestra sociedad actual.

¿Nova Materia es una evolución de Pánico?

Mucha gente ve el proyecto como una ruptura con Pánico, pero no lo es en absoluto. Algunos chilenos nos han comentado que encontraron bastante de Pánico en Nova Materia, incluso cuando no utilizamos los mismos instrumentos. Creemos que realmente tenemos que ver a Nova Materia en la perspectiva de lo que podríamos hacer con Pánico: son los mismos músicos y, por lo tanto, la misma relación con la música.

 ¿Cómo explican esta oposición “primitiva-futurista” que caracteriza a su música?

No somos los primeros en hacer esto, pero observo que la urgencia del momento se debe a un cambio: cómo reajustar a la humanidad con la tecnología y cómo usaremos esta tecnología futura de una manera interesante, útil e inteligente. Saber cómo tomar las decisiones correctas es una de las preguntas de Nova Materia. No hay ciencia que sea mala, pero hay que saber cómo usarla de una manera interesante. Por ejemplo, ¿cómo se usan los algoritmos para atontar a las personas y hacer que consuman o para satisfacer con precisión las necesidades reales de los humanos?

 

 

¿Nova Materia es más que un concepto?

Sonará pretencioso, pero sí, Nova Materia es más que un concepto. Existe el deseo de llevar la música de vuelta al campo de la poesía, al campo del arte. La música está tan regulada por el concepto de marketing que todo el mundo tiende a engañar al contenido. La imagen es ahora mucho más importante que lo que se dice. Queremos un proyecto que permanezca accesible al abrir el campo para interpretaciones y diferentes formas de hacer música en un formato pop. Sin embargo, en “It Comes” usamos muchos elementos de percusión primarios porque es importante recordar, especialmente en la era digital, que existen bases y que pueden utilizarse para hacer cosas positivas.

 ¿Qué es lo que mas extrañan de Chile?

El espacio chileno nos hace falta enormemente. Desde los paisajes del desierto hasta los glaciares de la Patagonia. Nuestros amigos y conocidos también, obviamente, pero tenemos que decir que nos sentimos bien en París y nos mantenemos muy críticos con Chile, donde nadie parece defender una política cultural.

¿Hay bandas chilenas que le llaman la atención?  

Le prestamos mucha atención a la escena electrónica chilena. Hay gente muy interesante que tiene un modo de producir bastante cercano a la autogestión, no piden la opinión de nadie y forman una comunidad abierta a diferentes cosas y múltiples horizontes. Por otro lado, nos mantenemos muy críticos a la escena pop-rock, la cual no la encontramos tan interesante. Los únicos que lo hacen bien son Follakzoid. Ellos proponen algo súper radical y, aunque controlan perfectamente su imagen, transmiten valores que nos parecen completamente válidos. Lo que aporte el Domingo García-Huidobro es necesario y urgente en una sociedad que cree ser moderna, como la chilena.

¿Qué es la madurez para ustedes?

Aprender a no depender de nadie para hacer los proyectos. Saber que nadie hará el trabajo en tu lugar. Lo que hemos aprendido con la edad es a no dudar, a atreverse y perseverar.

 

Texto y Fotografía: Bastien Reveco. Asistente de fotografia: Clement Reveco.