icon icon icon
26.02.19

Las disciplinas de Elisa Alcalde

Elisa Alcalde (Santiago, 1987) estudió cine, pasó por un periodo de cesantía, creó un fanzine, pintó acuarelas y escribió un libro. Todas aventuras que terminaron por desarrollar una carrera multifacética y autodidacta, la cual nos habla de cómo la pasión y la obsesión pueden ser la respuesta a ese vacío existencial propio de vivir en nuestros 30s. Conversamos con Elisa sobre sus diferentes proyectos, el valor del fracaso y la autogestión en Chile.

 

Tus pinturas en acuarela se han caracterizado por mostrar naturaleza muerta -con piedras preciosas, minerales y mesas repletas de comida-, siendo “Todas salimos bien después de 93 intentos de selfis” el primer proyecto donde es posible ver retratos de personas. ¿Cuál es la conexión entre estos trabajos?

La verdad estos trabajos no se conectan entre sí bajo ningún fundamento aparte de ser distintas cosas que he ido queriendo pintar. Partí el 2012 con los minerales y estuve hartos años en eso, perfeccionando la técnica, hasta que sentí que me podía pasar a los bodegones, que es un tipo de pintura que me gusta bastante, por lo que me parecía atractivo indagar ahí con acuarela. Entre medio empecé con la serie de selfis, la cual tiene que ver más con el ejercicio al pintar rostros humanos, que nada tiene que ver con un objeto inanimado. Asimismo, también se trata de un ejercicio de confianza con todas las mujeres que me han confiado sus selfis para que yo las pueda representar con acuarela.

 

¿Existe un vínculo entre los minerales y tu experiencia de vida?, ¿Hay una razón por la cual en “Todas salimos bien después de 93 intentos de selfis” solo se ilustran mujeres?

No sé si con mi experiencia de vida propiamente tal pero si me han llamado la atención desde chica las piedras preciosas y cuando empecé a pintar acuarela, me fui adentrando en el item minerales, que es amplio y muy atractivo. Me gusta prácticamente todo lo que brilla. De hecho, a estas alturas quizás ya son parte de mi vida, porque fue con los minerales con los que aprendí a pintar con acuarela y fueron los minerales las dos exposiciones que he tenido. Creo que el ejercicio de selfis tiene que ver con la confianza. Con una cosa sorora, donde me mandan su selfi, que aunque esta tenga una cuota de vanidad, igual son una representación visual propia y creo que al entregarla a otra persona, en este caso a mí, se genera un desprendimiento de ellas mismas como personas, dejando ir esa imagen propia, la cual yo recibo con humildad para luego intentar representarlas de mejor forma, entendiendo que es parte de una serie/ejercicio.

 

 

En el opening del animé Digimón podemos oír: “Si tu lo deseas puedes volar, solo tienes que confiar mucho en ti”, un mensaje de empoderamiento que se puede conectar con la autogestión, forma de trabajo recurrente en tu carrera, siendo el Pequeño Zine Ilustrado el caso más emblemático. ¿Cuál fue la idea al comenzar el fanzine?

El 2012, al comenzar el Pequeño Zine Ilustrado, conocía una publicación autogestionada hecha por unos amigos llamada DAGA, la cual recopilaba trabajos de otros artistas y se distribuía gratuitamente. En ese momento me pareció muy interesante que algo así se hiciera en Chile y fueron una inspiración para que, en un momento de cesantía, se me ocurriera hacer mi propio fanzine y editar yo misma una publicación. Me metí a internet y puse “how to make a zine” y listo. A la fecha ya tengo más de 25 publicaciones y más de 100 colaboradores.

 

¿Cuáles son las ventajas y desventajas que has experimentado con la autogestión?, ¿Es posible desarrollar una autogestión y/o trabajo freelance, sin caer en la precarización?

Las ventajas son muchas. Al ser un proyecto colaborativo he podido conocer a muchas personas talentosas, así como a otras personas que han ido creando editoriales y publicaciones. Otra ventaja es que yo manejo mis tiempos, lo cual también puede ser una desventaja porque como hasta ahora siempre son mis recursos los que se usan, hay veces en que no tengo plata para imprimir o tiempo para distribuir, entonces ahí se complica la cosa. Sin embargo, con las ferias de arte y publicaciones que han ido apareciendo con los años, el Pequeño Zine ha tenido la oportunidad de financiarse a sí mismo. Respecto a la precarización del trabajo, y debido a que este no es aún mí único trabajo, debo decir que aún este proyecto editorial se mantiene como algo que me apasiona y que hago por el gusto de crear en conjunto, de generar material visual atractivo y de aportar en que circule el trabajo de ilustradores, guionistas, músicos, escritores, artistas, etc. Lo cual ha permitido que no haya precarización alguna. Sin embargo, sería ideal que llegase a trabajar generando publicaciones, curando contenido, armando proyectos, cosa que aún no he podido lograr, pero ya llegará ese día. Por mientras, tengo trabajos de gente regular que me permiten hacer todo lo demás sin atraparme.

 

 

Has mencionado en otras entrevistas que el peor fracaso creativo que has tenido ha sido tu película de egreso de la Escuela de Cine, hecho que, sin embargo, logró enseñarte cómo estructurar historias, algo fundamental a la hora de escribir tu libro “No Corresponden”. ¿Cómo fue el proceso de postulación y creación de No Corresponden?

Lo que me enseñó a estructurar historias fue haber estudiado cine, haber hecho la película me enseñó cómo no llevar un buen guión a la pantalla. Ahora, sobre el libro, andaba con ganas de retomar la escritura que había dejado en pausa, yo creo por el trauma que me generó hacer una película tan mala, y justo apareció en Instagram la convocatoria de la editorial Los Libros de la Mujer Rota. Me pareció una buena oportunidad para realmente escribir algo y que no quedara sólo en las ganas que tenía. Así que mandé 10 páginas, que era lo que te pedían, y como mes y medio después me avisaron que me habían seleccionado. Eso fue en invierno del 2017. De ahí estuve pensando el libro hasta que volví a escribir a finales de ese año y estuve en eso hasta como agosto del 2018. Entre medio a veces se lo pasaba a mi editor, de ahí el me lo devolvía con algunos comentarios y yo iba viendo si los consideraba, cómo los consideraba e iba escribiendo hasta que sentí que el libro ya estaba completo y la editorial compartió ese sentir. El 5 de octubre del 2018 salió de imprenta.

 

¿Por qué crees que el fracaso y el reconocer los propios límites son factores transversales en tus historias?

Reconocer los fracasos es importante porque uno se humaniza a sí mismo. En ese sentido, aún cuando ahora soy adulta y entiendo mejor las cosas, creo que cuando era chica pequé de soberbia, porque me iba bien en la Escuela de Cine, había quedado en la especialidad de guión y dirección y juraba que me iba a ir a Cannes cuando hiciera una película. Me vino bien un fracaso para bajarme de la nube en la que estaba y poder ver realmente qué era lo que podía y no podía hacer. Los fracasos sirven para conocerse a sí mismo y eso obviamente ayuda a la hora de crear o al menos a la hora de responder a interrogantes que van apareciendo.

 

 

¿Consideras que los personajes de tu libro son reflejo de un contexto específico chileno o presentan características más bien universales?, ¿En qué medida las características snob o abajistas que critican tus personajes reflejan la sociedad chilena actual?

Si bien los personajes de mi libro son todos más o menos de una clase media-alta, creo que enamorarse y fracasar son cosas universales. Así, aun cuando sitúo a los personajes en Santiago de Chile, en lugares específicos, hablando de cosas específicas, creo que una persona de cualquier parte puede empatizar con el hecho de que te guste alguien, de que te recuerde a una canción o de que quieras quemar vivo a la persona que te robó el asiento de la bicicleta. Entiendo que mi libro no muestra los problemas sociales que vivimos en Chile, pero es porque el libro va de los problemas mundanos y humanos que tienen los jóvenes. Cuando uno es joven, las emociones operan por sobre muchas cosas, y aunque uno racionalice, muchas veces esas mismas operaciones mentales son en base a la guata, al impulso, y me parecía bueno escribir sobre eso.
Creo que en poca medida, porque el abajista igual pertenece siempre a una elite y todos sabemos que la elite es minoría. En este sentido, aún cuando mis personajes son insoportables, no sé si son reflejo de la sociedad chilena porque creo que este país suele ser más arribista que abajista. De esta forma, que tengamos el presidente que tenemos, y que Maipú tenga la alcaldesa que tiene, son obviamente signos de primero, que la izquierda está muerta y no sé quién la va a revivir pero espero se haga pronto, y segundo, que este país se encandiló con el capitalismo y aún no puede salir de ahí. Y, aún cuando yo amo Chile y obviamente estoy sometida también al encanto del capitalismo, es muy distinto a que me parezca bien, porque no, no me parece y creo que Chile, en términos generales, aún no despierta de eso, de estar sedados por el consumo o por las cosas que hablan en los matinales. Mi libro va más que nada por la emocionalidad juvenil, más que por el contexto social. Quizás fui cómoda en no abordar eso también, pero siempre puede haber un segundo libro para abordar el panorama completo.

 

 

En tu hoja de vida aparecen oficios como estudiante de cine, artista visual y escritora, ocupaciones que has sabido mezclar en los distintos proyectos en los que te has embarcado. ¿Cuál es tu método para desarrollar proyectos multidisciplinarios?, ¿Crees que es cierta la idea de que la carencia estimula mejor nuestra creatividad y solidaridad?

A pesar de que he hecho varias cosas, en general las disciplinas operan separadas unas de otras. Por ejemplo, la pintura va en paralelo al tema de la escritura, no se cruzan. Y si trabajo como columnista de un medio ahí va corriendo la escritura, pero si alguien quiere un cuadro mío, ahí opera la pintura, y así van en canales paralelos. Cuando estoy en un proceso de pintura me cuesta escribir y lo mismo al revés. Es solamente en las publicaciones impresas o en los fanzines donde puedo congeniar todo eso, justamente porque no soy yo quien está escribiendo y/o pintando. Por eso me gustan mucho, porque ahí puedo mezclar todo lo que me gusta, editar, llegar a la gente, tener una idea, desarrollarla junto a otras personas, ahí es donde esas disciplinas, que en mi corren en paralelo, se juntan. No había escuchado eso de la carencia pero al escuchar la frase me genera cierta lógica, pensando en que muchas veces los proyectos que empiezo, parten en momentos donde otra cosa falta, ya sea trabajo, amor o plata.

 

¿De qué se trata la cooperativa Beibi?, ¿Cuáles son tus planes a futuro?
Beibi es una cooperativa que formamos el 2017 con una amiga diseñadora muy talentosa, Gracia Fernández, que partió con la idea de ser un proyecto editorial paralelo al que cada una tenía (yo con el Pequeño Zine Ilustrado y la Gracia “Otra Sinceridad”) al que llamamos Beibi, y que tiene la idea de ser un lugar donde se desarrollen elementos gráficos en torno al lenguaje, hecho con nuestras propias cosas. Hemos sacados dos publicaciones con mujeres talentosas, una con Paulina Flores y otra con Fernanda Ivanna. Beibi es un espacio que nos permite a la Gracia y a mí darnos libertades pero sin ningún tipo de presión más que las ganas de hacer cosas. Sobre el futuro, mi objetivo principal es siempre tener trabajo, porque hay que pagar cuentas y criar a un hijo. Y para lograr eso y que no se me seque el alma, seguir pintando, escribiendo y editando fanzines. Ahora estoy agrandando el formato de obra, pintando pliegos más grandes, además de continuar explorando el universo compositivo que me dan la comida y los objetos, ojalá con la posibilidad de este año exponer en alguna parte. De igual forma, en marzo, quiero empezar un segundo libro, el cual aún no sé si serán cuentos o una novela, pero ya tengo algunos esbozos sobre los cuales trabajar. En marzo también vuelve el Pequeño Zine con un número especial en el que estoy trabajando. Ojalá poder seguir evolucionando en los distintos proyectos que tengo y ver a dónde me llevan. Yo ya tengo algunas ideas.