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11.03.19

El cuidadoso arte de SNKE

La transversalidad artística de SNKE se mueve desde el mural a la ilustración, la escultura y el mobiliario. Con prolijos patrones y texturas, el trabajo de SNKE pareciera ser digital debido a la perfección de los detalles, pero todo está hecho a mano.

 

Tras la búsqueda de un nombre que no demostrara un género, Paula Godoy cubrió su identidad bajo este seudónimo por su afinidad con la figura y los símbolos de las serpientes, las que reconoce como sus animales totémicos: sueña con ellas y es serpiente en el horóscopo chino y en el Maya.

Paula creció en Santiago cercana a las disciplinas artísticas, y aun cuando siempre quiso estudiar Arte, terminó estudiando Diseño de Vestuario, lo que sin embargo no definió su rumbo. Al egresar se dedicó a dibujar por sobre todas las cosas, y cuando le presentaron el chorreador (un marcador grande con pintura utilizado en murallas y graffiti), salió a la calle a pintar en grande. Hoy en día se dedica por completo a la pintura y los murales.

Una de sus grandes inspiraciones es la música. Colecciona vinilos, es dj y todo lo que pinta lo hace de la mano de playlists misceláneas en las que suenan desde Miguel Bosé hasta Miles Davis. Hace poco colaboró con Flakodiablo haciendo la portada de su quinto álbum que se estrenará este 14 de marzo. “La música y pintar es lo que más me gusta, todo tipo de música. Trabajé en un local de vinilos en el Persa y veía mucho arte de vinilos de los setentas y ochentas, los que tenían esa gráfica y estilo que me gusta en la arquitectura y en la decoración de la época. Siempre me he inspirado de ese arte. Una cosa me lleva a la otra: de la música al arte y del arte a la música”.

El arte de SNKE ilustra la materialidad de los espacios con texturas de siluetas arquitectónicas como escaleras y pilares, todo en un balance de blanco y negro para potenciar la esencia física del espacio. Luego de trabajar esta técnica durante todo el año pasado, hoy está concentrada en realizarla de forma más orgánica y espontánea. “Soy muy matea y medía la distancia exacta entre las texturas. Ahora me aburre eso, porque siento que en la espontaneidad está la gracia, ahí está el sabor de todo y eso se nota. Uno ve arte y sabe cuando es espontáneo o no. Estoy tratando de soltarme con esto. Siempre he sido súper estricta y ordenada con todo, pero siento que se llega a ver casi digital lo que hago, y me aburrió un poco”, confiesa.

 

 

Jamás una groupie

Tanto el muralismo como el graffiti se caracterizan por ser espacios dominados principalmente por hombres. Pero esto no es al azar: salir a la calle a pintar es un acto de rebeldía que para las mujeres resulta más complejo y, en el caso de Paula, la misma calle se convirtió derechamente en un obstáculo.

“Estoy súper traumada con el acoso. Me han pasado cosas terribles en la calle desde que tengo 14 años, y ya desde hace cuatro que no me he subido a un taxi o he caminado sola después de las 10 de la noche. Inconscientemente, me preocupo de la ropa que me voy a poner dependiendo de donde vaya. Para mí es un rollo real, y no me permite la libertad de salir a pintar a la calle sin sentir un miedo, y no un miedo a que me lleven presa porque pintar la calles es ilegal, sino que es un miedo a que me acosen, me violen o me peguen. Creo que muchas mujeres sienten eso, y también es una de las razones por las que generalmente las mujeres entran al muralismo o en el graffiti por algún pololo o por el amigo graffitero. No es porque sean “groupies”, es porque es un soporte y una seguridad que es imposible sentir sola como mujer en las calles de Santiago o en cualquier otra parte. Junto a esto, las mujeres estamos súper dispersas, no nos juntamos para salir a pintar. Porque si lo hiciéramos, si tomáramos conciencia y nos juntáramos, probablemente habrían muchas más y motivaríamos a otras cuantas”, asegura.

Paula comenzó ilustrando desde el anonimato que le proporcionaba SNKE, lo que permitía que apreciaran su trabajo sin que se le diera importancia a su género. Pero de todas formas, y de manera lamentablemente natural, la gente empezó a creer que a persona detrás de SNKE era un hombre. “Al principio me gustaba harto porque a mí Instagram sólo subía fotos de mi trabajo y no de mí, pero todos creían que yo era un hombre. De hecho, una vez me pasó que fui a una feria de diseño donde estaba vendiendo polerones con un amigo, y todo el mundo pensaba que él era SNKE”, admite.

 

 

El arte es político

En octubre del 2017, SNKE realizó su primera exposición en la inauguración de la galería TOC, la que fue un éxito. Esta instancia dio paso a otros proyectos que concretó el año pasado, como un mural de 700m² en el Persa Víctor Manuel, y su participación en el Red Bull Music Festival Santiago, con lo que consiguió destacarse como muralista en el contexto artístico local. Pero tanta atención y movimiento la llevó a reflexionar respecto a su rol como artista y su trabajo con marcas.

“Tengo que saber a dónde quiero ir con lo que hago. Durante diciembre aparecieron muchas marcas a ofrecer murales y distintos tipos de proyectos, pero al final eran murales para eventos donde aparecía su logo. Ahí me tuve que plantear si yo quería trabajar para marcas o enfocarme en otros proyectos más dedicados a la cultura o con otras cosas que en realidad me interesan mucho más. Y decidí que no. Siento que trabajar para las marcas al final es como convertir tu obra en un producto. Entonces, a finales del año pasado dije  “en realidad quiero ser artista, no una diseñadora que contraten y paguen”. Es un camino mucho más difícil, porque llegan las marcas, te ofrecen las lucas, trabajas dos días y te forras. Yo siento mucho amor por lo que hago, y aunque a veces tenga que trabajar en otras cosas, quiero hacer algo genuino. Quiero invertir mi amor y tiempo en lo que realmente me nace”, asegura.

Paula está consciente del rol social que tiene como artista y esto lo expresa implícitamente en el trabajo que se esmera por llevar al espacio público. Sin embargo, le preocupa la falta de posición política dentro de los artistas de su generación, y la influencia y poder que tienen las marcas en el trabajo de los artistas locales.

“La verdad me da un poco de pena que los otros artistas se dejen llevar tanto por el taquilleo y la plata que te deja trabajar con marcas. Las marcas te pagan bacán, necesitamos vivir, pero siento que faltan más discursos en esta generación. El arte tiene que ser político, todo acto es político. O legitimas un sistema o eres subversivo por lo que digas, hagas, como te vistas o de alguna manera en la que intervengas en tu contexto. Cuando no tienes un discurso todo es plano y te dejas llevar por el mercado. Pero también creo que se va a ir dando con el tiempo y a medida que nos atrevamos a decir lo que pensamos. A veces como mujer da miedo decir lo que piensas, que te cataloguen de conflictiva y te puedan dejar tachada. Tienes ese temor, pero es la única forma de ir evolucionando y aportar realmente algo, no ser artista solo porque es cool ser artista”, sostiene.

 

 

La calle es de todos

Local 54 se llama el mural que Paula pintó en el Persa Victor Manuel el año pasado, el más grande realizado por una mujer en Chile, con 700 metros cuadrados de pintura en el piso. Paula considera que ha sido una las mejores experiencias que ha tenido como artista, y que a pesar de obstáculos como el frío, las dimensiones del mural y los plazos para presentarlo, se sintió como si estuviera pintando en su casa ya que conocía a las personas que trabajaban en el lugar donde vendió vinilos por dos años. Esta intervención es parte de un plan de reactivación cultural en el polo sur de la ciudad, donde antes de Snke sólo habían participado hombres.

“Dentro de todo lo que pensé el año pasado cuando estuve en algunas galerías más cuicas, tras meterme en el mundo del arte -del cual yo no provengo-, tuve la certeza de que me interesa el arte público y la calle. La calle es horizontal, democrática, transversal y para toda la gente. Todos sabemos que el arte en Chile es súper de elite, probablemente en otras partes igual, pero siento que acá es muy heavy. A mí nunca se me habría ocurrido ir a una exposición en Alonso de Córdova, jamás. Si paso por afuera no entro porque me siento muy ajena eso, y creo que al 80% de la población le pasa. Básicamente por eso me gusta más el muralismo”, afirma.

¿De qué forma te proyectas como artista?

Ha sido muy bacán saber que me quiero dedicar al arte, porque en un momento no sabía. Pero por sobre todo, quiero soltarme con lo que estoy haciendo. Quiero pintar harto en la calle este año, hacer murales, esa es una de las cosas que más me llama junto a las obras tridimensionales como el arte mobiliario, el que me gusta mucho y que no he podido hacer por una cuestión de tiempo y plata. Ahora me iré de viaje, pero cuando vuelva quiero hacer unos talleres para ser más activista en relación con el feminismo. Para mí es súper importante y no lo he podido hacer. Ahora quiero hacerlo vinculando el arte y el muralismo junto a un proyecto de un nuevo centro cultural donde planeo hacer unos talleres de muralismo para mujeres del barrio y migrantes.

Puedes encontrar algunos de los murales que aún no han sido cubiertos de SNKE en Puente Alto por la calle bajos de Mena, en Av. 10 de Julio con Fray Andresito y en el el galpón Victor Manuel del Persa Biobío