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28.03.19

Vicente Prieto: entre lo urbano y lo ancestral

Como escultor a secas se describe Vicente Prieto Gaggero (1989), artista chileno que utiliza materiales históricamente vinculados a nuestras culturas ancestrales, como la cerámica y la arcilla, para crear verdaderos tótems retro-futuristas.

 

 

Tu proceso artístico puede ser comparado con lo que hace un médium, ya que logras conectar a través de tus obras el mundo actual con una cultura ancestral. ¿Hace cuánto y cómo llegaste a trabajar con estas temáticas?. ¿Cuáles son las culturas a las que buscas rendirle honores?

Es medio extraño pensarse como un médium, pero me gusta la idea porque sugiere un tipo de comunicación fluida -incorpórea- entre lo “tradicional” y “actual” que surge de la necesidad mutua. Es llamativo que algo tan concreto como las esculturas puedan transmitir una sensación como esa. La verdad es que trabajo con estas temáticas estéticas y discursivas desde que comencé a modelar en arcilla. En ella encontré una imaginería simbólica, un método y un material, todo al mismo tiempo. Aunque últimamente me he alejado un poco de ello para tratar de descifrar algo más, y me he encontrado con que el concepto de “cultura ancestral” me suena a algo un poco nostálgico, que conlleva un peligro de ensimismarse o detenerse en la propia historia, algo que tiene que ver con la necesidad mistificadora de la cultura occidental. Ese concepto es demasiado inmovilizador, por lo que prefiero la idea de “arte popular”, que abarca lo “arcaico” o lo “tribal” sin dejar de situarse en el presente vivo. Es por ello que no busco rendir honores a culturas específicas -aún cuando lo merecen-, sino que crear una apertura a un espacio temporal y espacial vacío entre el pasado y el presente. Esto se puede ver por ejemplo en la relación que existe entre los tatuajes faciales de las mujeres mbayá-caduveo y los actuales de la Mara Salvatrucha.

 

 

 

 

¿Cómo logras interpretar diferentes culturas sin sobre-estitizar una realidad donde se pierde el significado inicial, es decir, caer en una suerte de apropiación cultural?

Si bien comprendo las aprensiones, yo prefiero una cultura más híbrida, donde los límites sean más difusos, cambiantes, impredecibles.

¿Existe una razón por la que tus esculturas no posean rasgos de género, raza o sexo explícitos pero exaltan el rostro y las manos?

Se debe a que busco matizar ciertos aspectos, exagerando o idealizando, aquellos conectados a cuatro sentidos del cuerpo, reflejando las experiencias que surgen del tacto, el olfato, la vista y el gusto. Voy reuniendo esos sentidos y amontonando ojos, dedos, narices y bocas. Por otro lado, creo que en este momento busco algo más simple o general que la raza, el género o el sexo. Quizás esa es la única manera que encontré de abstraer una estética tan figurativa y unos materiales tan concretos. Creo que la inter-conectividad ha potenciado las identidades, casi como si la realidad pensara a través de los cuerpos, y por eso mismo pienso que no hay que olvidarse de los sentidos. Puede ser una herramienta muy útil.

 

 

 

 

El Museo Chileno de Arte Precolombino fue recientemente elegido como uno de los mejores museos de Chile y Latinoamérica porque ha logrado llamar la atención del público al mostrar nuestro pasado por medio de elementos tecnológicos modernos. Esto también es posible de ver en tu trabajo, el cual parte con una base antigua, como lo es la cerámica y la arcilla, que es modificada para dar cuenta de rasgos contemporáneos. ¿Por qué crees que es importante la mezcla de ambos mundos?. ¿Crees que este análisis del pasado puede afectar la manera en que vemos el arte chileno contemporáneo?

Sobre todo me interesa la relación directa que se da entre los “espectadores” y el Museo Chileno de Arte Precolombino. El museo lleva en sí y en su lenguaje a la cultura popular como un sentido común interrumpido que ahora se comparte. Así, al cabo de la experiencia de la visita, la información te sirve para comparar la “historia oficial” que uno ha recibido de las culturas precolombinas, con una riqueza cultural que es mucho más diversa, cambiante y compleja. El museo ha sido muy inteligente por medio de las herramientas tecnológicas de entregar información suficiente al visitante y al mismo tiempo no quitarle el misterio al encuentro. Creo que el arte contemporáneo a veces quiere alejarse del arte popular, o transitar por caminos paralelos, pero cuando incorporas métodos o materiales más actuales en un diálogo con lo ancestral o de contenido popular lo nutres con una sensibilidad nueva y lo devuelves al presente. No obstante, esto no sólo ha pasado en el caso de la cultura latinoamericana: uno también lo puede ver en las influencias africanas en pintores europeos, Paul Klee, el Primitivismo ruso, Basquiat, incluso Hokusai e Hiroshige, integrando métodos occidentales sin renunciar a su tradición. Pienso que, imprescindibles o no, existen momentos en los cuales el diálogo vuelve, y todo se hace más híbrido, cómo si lo necesitáramos por alguna razón que resulta atingente a la época. En mi caso, me gusta esta unión porque es ahí donde encuentro tanto misterio como eficiencia formal, y es una mezcla muy densa. Aunque hay tener siempre en cuenta que esta no se trata de una relación unidireccional, donde solo el arte contemporáneo puede tomar de lo popular o lo ancestral, porque el arte popular posee una autonomía palpable y muy valiosa.

 

 

 

¿Cuáles son tus planes para el futuro?

Estoy muy entusiasmado con una próxima exposición individual de esculturas que gira en torno a las ideas de identidad y crimen en Latinoamérica.