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17.04.19

El viaje del héroe

Desde Moisés hasta Harry Potter, el viaje del héroe es la estructura narrativa de la gran mayoría de los mitos, cuentos y relatos épicos de todo el mundo. El protagonista, siempre hombre, se ve obligado a responder al llamado de la aventura para adentrarse en una nueva dimensión llena de desafíos, todo para descubrir quién es realmente y la capacidad de su poder interior. 

Huyendo de las definiciones estrictas de género y la represión del binarismo hombre/mujer, estos tres chicos trans construyen su propio camino de autoconocimiento, resignificando la idea de masculinidad. 
Texto: Valentina Millán. Fotografía: Carolina Sandoval. Dirección de arte: Nastassja Barbieri, Paula Aldunate.

 

 

Andy González, 26 años, Curicó/Santiago. 

Siento que empecé a transicionar desde mi infancia, pero el momento de decir “soy Andy” partió casi hace dos años y empecé a hormonarme hace 8 meses. La transición no es solamente el hecho de hormonarse, sino que también es decirle a la gente que te rodea cómo te sientes realmente. Es el proceso de aceptarte y querer tu cuerpo tal cual es y visualizar los cambios que quieres lograr.

Durante mi infancia hubo un momento en que mi cuerpo se empezó a desarrollar y supe que no iba ser como yo quería. Recuerdo que estaba en kinder y pensaba que me iba a salir un pene, y a medida que fui creciendo me di cuenta que mi cuerpo no iba a cambiar, que yo iba a ser así, y se fue agravando cuando me crecieron las pechugas y me llegó la menstruación. No me aceptaba y sentía que estaba en un cuerpo equivocado. Fue duro, especialmente en la adolescencia. Además me gustaban las niñas, y ya en ese momento el tema de ser lesbiana era complicado, pero sentir que estaba en un cuerpo equivocado era otra cosa, no sabía a quien decírselo ni a quien explicárselo. En ese tiempo no se hablaba lo que era una persona transgénero, había mucha desinformación.

El 2011 me vine a vivir a Santiago a estudiar Cine. En último año, con mi mejor amigo hicimos un cortometraje sobre una persona trangénero en el que actuaba la Kassandra Romanini. En ese momento yo tenía depresión, pero de a poco este proceso me llevó a aceptarme. Conocí gente trans y me volví muy activista.

 

 

 

Después de que acepté que era un persona transgénero comencé buscar información y vi muchas cosas en internet. La mayoría de las cosas terminaban confundiéndome más, porque todos creen que hay una mejor manera de hacer las cosas y te lo imponen. Por ejemplo, tienes que usar un “packer” para hacerte un bulto en los pantalones y yo no soy muy partidario de eso: yo estoy a favor de aceptar el cuerpo tal como es y de ahí ir cambiando. Yo acepto mis rasgos femeninos, pero dentro de los espacios de masculinidad trans te imponen que te tienes que hormonar rápido para que se vayan. Siento que antes de la transición hay un proceso mucho más profundo, un proceso de saber que quizás tu cuerpo nunca va a cambiar completamente como tú quieres.

Me sentía ansioso de ver cambiar mi cuerpo. Cuando me decidí vi que podía hacerlo por la salud pública, porque para mí es casi imposible acceder a la salud privada: una sola inyección de testosterona cuesta 60 mil pesos. Pillé el programa del Sótero del Río que estaba recién abriendo en ese momento. Pedí hora para atenderme con la asistente social y me explicó que tenía que ir al psicólogo para seguir una terapia, para ir viendo todo lo que conllevan las hormonas porque uno va cambiando de humor, y a veces andas más sensible o agresivo. Todos tenemos que hacer terapia, porque está cambiando tu cuerpo y la reacción de la sociedad y de las personas que te rodean: la transición es un proceso que se vive en conjunto.

Siento que la masculinidad trans está súper invisibilizada, y creo que es a causa de la misma comunidad, porque muchos ven una comodidad en no hacerse visibles, porque a los hombres trans no se les discrimina tanto. El proceso es más efectivo que el de las mujeres: nos cambia la voz y el cuerpo rápido, nos sale barba, y creo que a nosotros no nos cuesta tanto encontrar trabajo. No sé si hay casos de asesinatos a hombres trans, pero sí conozco muchos casos de mujeres trans. Por eso mismo la comunidad está invisibilizada: por el privilegio que significa ser un hombre en Chile. Sé que como hombre trans estoy en una zona de privilegio, y por eso mismo intento de que sea mi bandera de lucha y visibilizar más el tema.

Hoy en día, ¿qué es ser hombre? ¿Qué es ser masculino? Estamos todos constantemente cambiando ese concepto, y solamente hay que dejarse ser. Descubrí que solamente tenía que ser yo, amarme y respetarme por quien soy.

 

 

Lauro Bande, 25 años, Santiago.

Descubrí que era un hombre trans hace dos años. Un día estaba con una amiga trans y le pregunté muchas cosas sobre género, el efecto de las hormonas y otras curiosidades. Hablamos de su infancia, de cómo era ella cuando chica. Empecé a hablar de mi niñez y algo hizo click en mi cabeza. Unos días después estaba pensando en las cosas que hablamos, en mi infancia, mis acciones, y todo me parecía evidente. Me puse a llorar y me dije: «Soy un hombre trans». Antes de esa conversación yo simplemente decía: “Pucha, soy mujer aunque me gustaría ser hombre”. Nunca se me pasó por la cabeza hacer la transición, entender que yo podía ser un hombre.

La primera persona que me empezó a tratar de hombre fue mi polola, lo que fue muy bacán. Pero al principio me costaba referirme a mí mismo como un hombre porque no me veía físicamente como uno. Eso es lo que más me ha costado: empezar a referirme como hombre frente al mundo. Estoy en una etapa de mi transición hormonal en la que mi cara no es ni de mujer ni de hombre, y la manera en que soy percibido depende de la persona a la que me enfrente.

Entre los cambios positivos siento que mi impronta ha cambiado, ahora soy más seguro de mí mismo. También he podido conectarme con mi cuerpo: antes no estaba ni ahí con arreglarme, hacer ejercicio, escucharlo. Pero ahora sí tengo esa conexión, quiero entenderlo, saber lo que necesita.

 

 

Paradójicamente, por primera vez me he conectado con mi lado femenino. Antes no lo hacía porque me daba miedo, me daba vergüenza. Ahora sí me gusta tenerlo, lo busco. El haber negado toda mi vida lo femenino y poder realmente conectarme con eso ahora que soy un hombre trans es muy potente.

De hecho, dudo de si realmente me considero un hombre trans. A veces pienso que solamente soy una persona no binaria, o alguien que quiere tener más rasgos físicos masculinos. Nunca me he considerado realmente “un hombre”, al menos no dentro de todos los estereotipos que eso significa. Nunca me ha gustado el hombre en general: nunca me he sentido parte de eso, nunca los he entendido, nunca he empatizado con ellos ni ellos conmigo. En mi vida no he tenido mucha conexión con hombres ni me he relacionado mucho con ellos.

Y siempre me he preguntado: ¿Por qué quiero tanto ser un hombre físicamente, si a la vez los detesto? Cada vez que hablo de los hombres me refiero de manera ajena a ellos. Yo no me siento un hombre, porque no soy un hombre cis género: soy un hombre trans. Viví como una mujer hasta los 24 años, sé lo que es ser mujer. Encuentro bacán haber podido vivir como ambos, saber las diferencias. Yo sé que cuando todos me perciban como hombre voy a tener más privilegios que cuando era mujer. Pero muchos hombres trans se desconectan de lo femenino, de qué es ser ser mujer. Lo ocultan y comienzan a actuar como hombres cis, y los entiendo, quieren ser aceptados. Pero el aporte que puede hacer un hombre trans es reconocer y valorar el haber vivido y haber sentido lo que es ser mujer en Chile. Te nutre mucho haber tenido ambas experiencias: el haber sido un hombre y mujer en tu vida. Tener la experiencia de ser mujer hace que tengas una sensibilidad y veas el mundo de una manera completamente distinta.

Antes de empezar la transición tenía miedo de perder todos mis rasgos más asociados a lo femenino como la empatía, la facilidad de llorar y decir lo que me pasa. Tenía miedo a transformarme en otra persona, de perder mis capacidades emocionales. Pero no las he perdido: soy quien soy a pesar de mi género. Verme como un hombre pero sentir como una mujer es increíble. Entre más abierta tengas la mente en relación a tu cuerpo y el género eres más capaz de aceptarte. Tu cuerpo no tiene nada que ver respecto a quién eres realmente y cómo te sientes.

 

 

Demian Cosmos Hernández Sánchez, 21 años, Santiago.

No tengo esa historia típica de que cuando era niño me gustaba jugar con juguetes de hombre. Siempre me he sentido súper cómodo con lo femenino. No me criaron con tantos estereotipos, mi niñez fue muy libre, pero cuando cumplí 12 años partieron los primeros cuestionamientos. Cuando mis compañeras empezaron a desarrollarse me quedé como un poco fuera, porque siempre tuve un cuerpo ambiguo: nunca desarrollé un cuerpo femenino ni uno masculino, siempre he estado en el medio, y no sabía cómo relacionarme con mi feminidad desde esos lugares.

Hubo un punto de inflexión cuando comencé a darme cuenta que me gustaban mis amigas. Empecé a tener muchos conflictos con mi sexualidad y estaba super incómodo, lo pasé muy mal en el colegio por eso. A los 14 años entré a trabajar a una agencia de modelaje, y eso cambió mucho el camino. Empecé a mutar mi expresión a una “más correcta” y hasta me puse a pololear con un hombre. No lo sentía como algo incómodo, pero tenía una vida oculta; salía en secreto con niñas y sabía que lo que estaba haciendo no hablaba tanto de mí, pero me daba mucha seguridad con mi familia y mis amigos.

 

 

Pero a los 18 comencé a pololear con una chica y salí del clóset oficialmente. Hice una película llamada “Tarde Para Morir Joven”, en la que interpreto a una chica parecida a mí a los 14 años: rebelde, cis y con el pelo corto. Durante el rodaje me conecté con toda mi adolescencia oculta y no asumida, por lo que terminé de grabar y comencé a transicionar muy poco tiempo después. También empecé a estudiar danza y a dedicarme al rigor de la disciplina artística que trabaja con el cuerpo, y me conecté con tantas memorias corporales que me tuve que hacer cargo.

En un inicio cambié mi ropa a una más masculina, elegí un nombre, empecé a asumir un rol socialmente masculino, y cada vez me desenvolvía más racionalmente en cuanto a la masculinidad. Últimamente he tenido una explosión, una liberación, porque he conocido a gente muy hermosa en el proceso. He sido capaz de romper muchas barreras familiares y sociales. Entré a la universidad y me hice amigos maravillosos, encontré gente que también vive la misma experiencia que yo y así poco a poco he ido conociendo otras experiencias y personas que me han ayudado mucho más a entender el proceso.

Tomar hormonas ha cambiado mi vida de muchas formas. Comencé hace dos meses y me dio mucha seguridad y libertad. He enfrentado mucho la desnudez con mis cercanos, mis amistades y mis amores. Voy con otras cosas y he formado mi propuesta personal de mi identidad mucho más abiertamente, con mucha confianza. He tenido mucha energía, he salido y bailado como nunca antes. Ha aumentado mi libido y mi necesidad de expresión. Es como una energía muy expansiva. Pero sobre todo he visto cambios emocionales, como sentir la pena, la ira, todo de una manera diferente. Es un nuevo todo.

Socialmente y de manera muy superficial siempre me presento como un hombre trans. Tengo la experiencia transgénero, pero no es que me sienta completamente hombre, porque no tengo la certeza de cómo es sentirse hombre. Pienso en mi infancia que es muy “de niña”, y es algo que me gusta mucho. Empecé a transicionar y pensé que no quería ser «tan hombre». Para mí es como una relación con el cuerpo: es un lenguaje, una forma de comunicación y cómo yo me identifico y me siento. La mayor certeza que tengo es que si digo que soy mujer no va a decir nada de mí, no me va a representar, al igual que si digo que soy hombre. Tratando de alcanzar lo masculino me puedo quedar como en un limbo, en un intermedio que me permita explorarme y sentirme más libre.

He recibido tanto amor que siento que puedo ayudar a más personas, porque con esta exploración y apertura que tengo, al conectarme con otros seres se despiertan cosas en otras personas, como una alimentación. Lo que más me ha traído es el sentido de unidad, de pertenencia y de encontrarte a ti mismo en otro humano.

 

 

 

 

 

Texto: Valentina Millán. Fotografía: Carolina Sandoval. Dirección de arte: Nastassja Barbieri, Paula Aldunate.