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23.04.19

Colectivo Weye: Escritura del cuerpo en conflicto

Desde los márgenes sociales, el colectivo de lectura y escritura Weye propone espacios horizontales y gratuitos de discusión y creación literaria. La historia que nos contaron los libros se escribió con sangre; a reescribirla es la invitación.
Texto: Patricio Toro.

 

 

“Pareciera ser que nuestra voz solo se valora cuando el dominante nos encuentra y nos hace existir. Como si la historia anterior a la colonización no existiera y todo partiera desde el descubrimiento de América”, dijo una vez la transformista y activista Hija de Perra.

Y es un hecho. La cultura “maricona” siempre ha existido dentro de nuestros límites. En su performance You Will Never Be a Weye (2016), el artista mapuche Sebastián Calfuqueo trae desde la época precolonial al Chile contemporáneo la figura del Weye: hombres machis que divagaban entre los géneros, para ejercer como puentes entre nuestro mundo y el espiritual.

Tras la llegada de los españoles a Chile, los Weyes fueron acusados de sodomía y luego exterminados casi por completo, pues sus femeninas e indefinidas identidades atentaban contra las creencias de la religión católica. Fueron impuestas las idealizaciones occidentales de la sexualidad, “normalizando” a la fuerza las costumbres y tradiciones de la cultura indígena.

 

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Cientos de años después, es abril de 2019, mes del libro, y hay razones para celebrar lo que pareciera ser un nuevo auge literario en Chile, con nuevas editoriales y micro editoriales con eclécticos catálogos, lanzamientos y ferias de libros casi todas las semanas, autores que levantan sus propios talleres de escritura y el desarrollo de un circuito en torno a nuestra narrativa sudaca.

Una marea a la que en marzo de 2017 se montó un grupo de entusiastas lectores y escritores, bajo el nombre de Weye, formando un colectivo que realiza periódicamente talleres gratuitos de lectura y escritura creativa en Santiago. A través de ciclos temáticos, Weye busca desarrollar la contracultura generada por la exclusión social, rescatando las experiencias individuales de sus talleristas, las que al cierre del ciclo son plasmadas en un fanzine a modo de registro y difusión.

 

¿Cuántas personas componen la agrupación y cómo se dan las dinámicas de trabajo?

Somos hartes quienes movemos Weye. En un principio el equipo era más pequeño, pero nuestros planes nos llevaron a sumar más personas. Hoy en día somos once miembros activos de diferentes áreas disciplinares y oficios. Esto último define mucho cómo trabajamos, porque así nos distribuimos la pega según qué tanto nos acomode una tarea. Creemos que ya que el equipo es tan diverso, tanto profesional como personalmente, nos acomoda una estructura horizontal de trabajo: a todes les toca estar a cargo en algún momento.

 

¿De qué formas se relaciona la figura del Machi Weye con su trabajo?

El Machi Weye tenía cierta libertad para ejercer sobre su cuerpo e identidad una expresión de género más cercana a lo femenino, hasta que los colonizadores pusieron ojo sobre elles y los catalogaron de seres aberrantes, lo que generó un cambio en la visión y la expresión que los mapuches tenían sobre su propia cultura e identidad. Por eso nosotres tomamos este nombre, porque sentimos que representa nuestro trabajo. En nuestras charlas y talleres exponemos y cuestionamos problemáticas de género, sexualidades, raza y clase, y las ligamos a diferentes temáticas; entonces es como si fuéramos un cuerpo en conflicto ante estos cuatro enormes pilares.

 

 

Entre sus primeras publicaciones se encuentran los fanzines Cuerpo, Espacio, Afectos, e Identidad. ¿Desde qué cuerpos, espacios, afectos e identidades se posicionan en Weye?

Son distintas temáticas que discutimos desde la sexualidad, el género, la clase y la raza. Y tratamos de posicionarnos desde todas las posibles. Al final lo que nos destruye es tener que clasificar todo. Si todes fuésemos libres de expresarnos como quisiéramos y en la forma que sintamos más genuina, seríamos mucho más felices. Nosotres recogemos literatura que expone situaciones en que la sociedad y los espacios juzgan las distintas maneras de expresarnos o de sentir. Porque cuando visualizamos que todo esto pasa en la realidad, y entendemos que no está bien, podemos deconstruirlo y sentirnos mucho mejor con y entre nosotres.

 

Si tuviesen que recomendar una novela al ministro de Economía José Ramón Valente, quien piensa que leer una significa perder tiempo para aprender “algo” ¿Qué libro le sugerirían?

Una vez estuvimos en un conversatorio donde una chica de otro club lector nos dijo que la literatura era inútil. Sentimos que esto va un poco en la misma línea. Leer es un ejercicio que amplía nuestro conocimiento de mundo. Es como viajar, pero desde tu propia mente y percepción de las cosas. Por eso, primero le diríamos al ministro que la literatura habla de tu propia identidad, entonces no puede ser una pérdida de tiempo, porque es algo que te configura y que, además, como dice él, es una forma de aprender. Le recomendaríamos Camanchaca de Diego Zúñiga, para que viera la precariedad emocional que sentimos les cabres y cómo tratamos de adaptarnos a un espacio que nos obliga a ir en ciertas direcciones, a tener que hablar y cuestionarnos ciertas cosas sin saber cómo. Porque aquí la literatura nos muestra directamente los distintos espacios en que nos estamos moviendo en Chile. Y eso no puede ser inútil, porque habla de nosotres como personas comunes y corrientes, porque en eso está la literatura chilena actual, diciéndonos cómo somos todes nosotres, que comemos completos y, a veces, no podemos llorar ni entender qué estamos sintiendo.

 

Diásporas es el primer taller que realizaran este año. ¿En qué consistirá y por qué decidieron este enfoque para su primera actividad del 2019?

Planificamos los años de Weye en torno a macro-temáticas. El año pasado, motivados por la iniciativa de la Biblioteca de Santiago, revisamos desde diferentes aristas los derechos humanos. Esta vez queremos abordar Latinoamérica, por lo que nuestros talleres se enfocarán en asuntos que conciernen al territorio. Los procesos de migración masiva, particularmente aquellos que son forzados por razones político-económicas, han marcado varias décadas del desarrollo latinoamericano. Creemos que es urgente revisar la instalación cultural y artística de estos grupos en diáspora para recordarle a la comunidad que los movimientos migratorios han existido desde siempre y son fundacionales para repúblicas como la nuestra.

 

 

 

Están realizando un taller de autores cuya duración es de un año completo. ¿En qué consiste este taller?. ¿Terminará esto con alguna publicación?. ¿Planean repetir esta instancia?

Llegó un punto en el que teníamos un número considerable de talleres a nuestra espalda y nos preguntamos: “¿Qué más podemos hacer con esto?. ¿Hasta dónde llega Weye?”. Y ahí supimos que debíamos no sólo ser una puerta de entrada o de reconciliación con la literatura, sino también una catapulta para nuevas voces. Hicimos una convocatoria abierta para todes quienes fueron parte de talleres anteriores y se escogieron cinco. La idea es que nuestro equipo de edición trabaje con sus propuestas durante un año (tenemos cuento, poesía y teatro) y dejarlos listos para posibles publicaciones con nosotros y postulaciones a fondos concursables. Repetir la instancia o no dependerá de los resultados, y aún estamos en pleno proceso, pero nos encanta y estamos felices.

 

¿Qué libro chileno contemporáneo le recomendarían a les lectores de Galio?

¡Tantos! Hay tanta buena literatura chilena actual que elegir sólo una obra sería contraproducente y terriblemente innecesario. Habiendo obras como “Río Herido” de Daniela Catrileo, “Quiltras” de Arelis Uribe, “Terriers” de la Constanza Gutierrez, “Jeidi” de Isabel Bustos, “Nancy” de Bruno Lloret, los poemas de David Añiñir o ensayos como los de Lina Meruane, tantos fanzines incluso, y muchas otras buenas creaciones actuales, que no necesariamente tienen que estar bajo el amparo de una editorial, que al final queda a disposición del lector la tarea de decidir con cual comenzar a maravillarse primero. Ahora, leer los fanzines de Weye es también una excelente opción, donde podrán encontrarse con un variado crisol de voces y estilos narrativos que siguen nuestra línea editorial posicionada desde las marginaciones, pero abordados desde la perspectiva individual de cada uno de los que han participado con nosotres a lo largo de nuestros talleres.

 

Aquí puedes leer las cuatro primeras publicaciones de Weye.

 

 

Texto: Patricio Toro.