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29.05.19

Fuck Boy Investigation y la antítesis de las masculinidades

Fuck Boy Investigation busca cuestionar la industria de la moda y los estándares de belleza masculina, estereotipos e imaginarios tan lejanos a la territorialidad e indumentaria de los cuerpos maricones de esta parte del mundo.

Texto: Patricio Toro. Fotografías: Fuck Boy Investigation.

 

 

Hernán Kael y Luckas Matías se reconocen como roperos: exploradores de ferias y tiendas de segunda mano en busca de prendas preciosas y baratas. En su afición y con el pasar del tiempo fueron armando un clóset mucho más grande que el de uso diario. Fue este el punto de partida para lo que después sería Fuck Boy Investigation (FBI), proyecto que nace oficialmente en 2017.

A través de la elaboración de editoriales de moda, FBI busca expandir las representaciones de una subcultura de jóvenes latinos que resiste enmarcar su identidad dentro de los parámetros de lo socialmente aceptado. Por lo mismo, quienes se paran frente a la cámara no son modelos, sino jóvenes con estéticas particulares con los que se toparon en alguna fiesta, calle o perfil de Instagram.

“Teníamos esta cantidad enorme de ropa e inquietudes acumuladas y siempre nos gustó las estéticas diferentes y las fotos, entonces para armar FBI solo faltaba nuestra determinación y así fue cómo partió, fue algo más bien espontáneo”, indica Luckas, encargado del estilismo de las editoriales.

“En general la moda está relacionada más con las mujeres o derechamente con el retail. No hay tanto espacio para la moda masculina, no son muchas las opciones para vestir a un hombre. La mayoría de las sesiones de fotos que se hacen a modelos son casi que con ropa interior o algo sexy, pero dónde está el hombre que tiene una falda, dónde está el hombre que tiene unas botas gigantes, dónde está el hombre que tiene unos aros extraños. Eso es lo que buscamos: en cierto nivel basarnos en lo masculino, pero no necesariamente con ropa y accesorios culturalmente asociados al hombre”, agrega Hernán, director creativo de FBI.

 

 

Según Urban Dictionary, un fuck boy se define como un imbécil que engaña a mujeres, pretendiendo un cariño y cuidado genuino con ellas para conseguir sexo. ¿Cómo definirían ustedes a sus fuck boys?

Hernán: No tienen esas características. No son hombres machistas ni ven a la mujer como un instrumento, en el fondo es una antítesis de eso. Un hombre más sensible, más cercano a lo femenino, que se saque partido a sí mismo. Nuestros fuck boys son estos chicos también denigrados, maltratados, encasillados. Cuando ves a un mujeriego, ves a un hombre que está solamente pensando en tirar o sacar un provecho sexual de la otra parte y también deja a la mujer en otro nivel. En cambio, en esto buscamos a un hombre que pasa por un proceso donde se transforma y se feminiza, donde descubre su lado más sensible, descubre la moda, la estética femenina.

Luckas: Podría ser algo mucho más sencillo. Una vez investigamos de qué se trataba y habían hartos significados. Al final, con la definición que más nos quedamos fue con la de alguien que es simplemente encantador, que tiene un algo, pero que le queda al otro averiguar qué es ese algo.

Para Kael y Matías la figura del próximo fuck boy no tiene características preconcebidas. El factor común entre los chicos que posan frente a los ojos de FBI no es catalogable ni tangible, más bien es el de un estilo único basado en sus propios instintos y vivencias. “Puede ser un chico que se pinta las uñas. Uno que tenga una paleta de color interesante en su outfit. Alguien que se atreva a jugar con su cabello, que se lo pinta o peina de cierta manera. Un tipo que quiera usar mayor cantidad de maquillaje en su rostro, algo más exagerado. Ese tipo de cosas nos llaman la atención, cosas que no pertenezcan a comportamientos masculinos propiamente tales; son códigos visuales más ligados al mundo queer finalmente”, indica Hernán.

El proceso creativo de cada editorial siempre es diferente en FBI. A veces viene primero la locación y luego una idea que sirva de hilo conductor con el resto del equipo, y en otras ocasiones puede aparecer un chico o fotógrafo que según sus particularidades cambie todos los planes. “En un inicio fue algo más entre amigos, pero de un tiempo a esta parte igual ha ido cambiando. Cuando empezamos todo era más documental, amigos atractivos de rasgos diferentes fotografiados por otros amigos talentosos, pero ahora todo está un poco más elaborado, más que nada por nuestros propios procesos, no siempre vas a querer hacer lo mismo”, señala Luckas.

En esta búsqueda de nuevas representaciones, FBI evita repetir equipos de trabajo entre sus editoriales. No funcionan solo como los desarrolladores de estas ideas, sino también como curadores del conjunto de personas que trabajan en ellas. Por un lado, a modo de que exista mayor fluidez creativa entre cada sesión y, por otro, para cuestionar a la misma industria en la que trabajan.

La gente cree que para hacer una editorial tienes que tener mucho dinero, un manso estudio, los contactos de los diseñadores y buscar a un productor de moda, pero cuando no tienes esas posibilidades te ves limitado y nuestra propuesta es decir que lo puedes hacer si tienes un par de prendas bonitas y un amigo que sea atractivo que la gente no ha descubierto todavía porque el centro está en otro tipo de bellezas más comunes y estereotipadas. Y lo otro también es invitar a quienes trabajan en la industria en creer en los nuevos fotógrafos y make up artists, eso es bacán”, enfatiza Hernán.

“Finalmente que el trabajo sirva para todos. Que al fotógrafo le sirva como portafolio, o que al make up artist le sirva como registro de su trabajo para que lo inviten a participar y pueda llegar a trabajar en este círculo que a veces es muy cerrado”, agrega Luckas.

 

 

Su principal plataforma de trabajo es Instagram. Atrás pareciera que están quedando las editoriales en papel cuché. ¿De qué formas piensan continuar explorando en lo digital? 

H: Mi idea es evolucionar para salir de la foto. Queremos hacer otras intervenciones gráficas en las imágenes y también llegar a hacer cápsulas de video en donde contemos la historia de un chico, por ejemplo, acompañarlo a cortarse el pelo y vemos el proceso en cómo reformula su peinado. Hacemos un registro, lo grabamos caminando con sus prendas, darle una consistencia más documental. Empezar a contar historias, relatos, visibilizar chicos que tienen una estética particular, pero más allá de una estética entendiéndolo desde lo visual, es más bien una forma de pensamiento o la forma de construcción del individuo dentro de la sociedad, el rol que cumplen ya sea siendo homosexual, bisexual o transgénero.

La representación de las identidades latinoamericanas es una de las principales características dentro de FBI. Por su extensión, Chile alberga diferentes tipos de representaciones latinas. No es lo mismo crecer latino en Santiago que en Arica. ¿De qué forma afecta esto en su visión editorial? 

H: Yo creo que es fundamental. Para mí lo que partió como bien genuino es esto de que nos interesa retratar a gente que sea más latina, del norte, gente de provincia. En el fondo, es más difícil llegar a una construcción original y propia teniendo todo tan cerca, tan a la mano. Cuando uno vive en un lugar donde hay conceptos muy básicos respecto a la identidad, al comportamiento, a cómo vestir o a las posibilidades de otras cosmovisiones… o al menos así era antes, quizás ya no tanto, pero el acceso a cosas diferentes, a ropa diferente, a gustos diferentes no se ve tanto en lugares más retirados de Santiago. Por lo mismo, creo que levantar eso es súper importante.

L: Lo que estamos tratando, porque no siempre lo logramos, es fotografiar a diferentes tipos de chicos. A veces eso igual nos cuesta porque tenemos gustos personales y solemos caer en un estereotipo parecido, pero es un poco inevitable. Que sean tan variados los cánones latinos acá en Chile nos ayuda porque así tenemos un espectro mayor de identidades. Es como lo mismo que nos decías: no es lo mismo un chico del norte que un chico del sur.

H: Hasta las cosas que puedes hacer o que te gustan son distintas. Vivir en una ciudad tan tecnológica, tan cosmopolita como Santiago genera un estereotipo que se ve en varias partes del mundo, por eso la moda o los modelos más cercanos a la capital son gente que puede funcionar en distintos lados, pero no hay un modelo que sea autóctono, no hay alguien que haga cosas diferentes o que bajo su contexto muestra el arte de otra forma, con otro paisaje, con otro contexto, con otro rasgos, con otras materialidades. Si vamos para el sur nos encontraremos con otro tipo de texturas y otros tipos de color de piel, por ejemplo.

¿Cuáles son los proyectos a corto plazo para FBI?

H: Queremos hacer unas fotos en México, como lo hicimos hace un tiempo en Buenos Aires, pero ahora un poco más organizado. Ojalá tener el tiempo para hacer unos vídeos y conocer a gente allá y trabajar con sus diseñadores. Allá está la movida mucho más arriba y se cree mucho más en el diseño y la libertad. Los mexicanos son más rupturistas, más a la cancha, démoslo con todo. Hay diseñadores de modas que yo encuentro buenos y que están en la palestra como Barragán que es bien kitsh, bien latino y desordenado. Sería el mismo proceso, con gente normal, el mismo casting de chicos de universidades, chicos de la calle y chicos de fiesta. Me encantaría mezclar la música, la moda y hacer, por ejemplo, un fashion film, algo más integral con otros tipos de herramientas.  Nos gustaría hacer retratos a músicos o djs también. Armarle una caratula a uno de ellos. Por ejemplo, me encanta Francisco Victoria, creo que él también tiene una estética queer y me encantaría en algún momento trabajar con él en algún vídeo o en una propuesta de fotos.

Puedes revisar las editoriales completas de Fuck Boy Investigation en su cuenta de Instagram.

 

 

Texto: Patricio Toro. Fotografías: Fuck Boy Investigation.