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01.08.19

La experimentación colectiva de la microeditorial Pupi Club

Catalina Viera y Natalia González se conocieron en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Chile, y a mediados de 2016, decidieron seguir sus inquietudes para crear Pupi Club, una microeditorial y estudio de impresión risográfica. Con pocos recursos pero con el entusiasmo necesario, comenzaron a trabajar en fanzines en el taller de serigrafía que Catalina tenía en su pieza, con el material que amigos cercanos les daban. A través de la autogestión, la amistad y la constante experimentación de nuevas técnicas de impresión, han creado un catalogo amplio y variado, que incluye a distintos artistas gráficos chilenos latinoamericanos, y han participado varias ferias de arte impreso en Chile, Brasil y Argentina.

Conversamos con Natalia sobre las principales inspiraciones del trabajo de Pupi Club, los desafíos de la autopublicación y las posibilidades del fanzine como formato para experimentar la colectividad y el intercambio de ideas.
Entrevista: Valentina Millán. Fotografías : Natalia Hurtado. Dirección de arte: Gabriela Clavería.

 

 

¿Cuál es el imaginario detrás de Pupi Club?

Como punto inicial basamos nuestro trabajo en la experimentación y la amistad. En cada una de las publicaciones de Pupi Club existe un largo proceso detrás que me gusta definir como hogareño, en donde todas las partes nos juntamos muchas veces, dibujamos, escogemos papeles, etc. El proceso colaborativo con cada autor es la base de todo nuestro trabajo, donde a través de la búsqueda, la experimentación con el material y el intercambio de ideas logramos plasmar la obra en el papel, para acercarlas cada vez más a distintos tipos de público. Nuestro catálogo es muy variado, y puede que estéticamente quizás no tenga una línea muy definida: hemos editados publicaciones desde el collage, como el fanzine «Gratitud» que hicimos con Ignacio Paredes el 2017, hasta un cómic erótico y súper cochino, que es el «Cochino»  de Sueh Hellen, nuestro primer fanzine y que vio la luz a fines del 2016. También hemos apuntado a hacer colaboraciones con artistas fuera de Chile y ha sido increíble, porque podemos profundizar en otras temáticas y generar un intercambio de ambas partes. Por ejemplo, el fanzine «Algunas ideas para el autocuidado» que editamos el año pasado de la artista argentina Florencia Rodríguez, agotó las primeras dos ediciones, y ya estamos planificando la tercera. Pensar que todas esas personas tienen ese fanzine en la casa o se lo regalaron a alguien me hace muy feliz.

 

¿Cómo describirías el catálogo de Pupi Club?

Está lleno de materiales, técnicas y colores distintos. Siempre tratamos de innovar en esto y darle total libertad al autor de proponer lo que tenga en mente y hacer lo posible por lograrlo. Los fanzines de Pupi Club mucha veces están armados con más de un tipo de papel, tienen pequeños insertos o probamos tintas distintas para lograr un cierto efecto o calidad en serigrafía.

 

¿Cómo ves la escena editorial chilena actualmente? ¿De qué maneras las microeditoriales se diferencian y dónde puedes ver más marcado su aporte?

La escena editorial establecida, así como las instituciones artísticas, siempre han sido muy cerradas. Por eso me parece genial lo que se está dando ahora con los proyectos micro-editoriales, que surgen como una respuesta adoptando el «hazlo tú mismo» para empezar a editar. Me ha tocado conocer y compartir con proyectos demasiado buenos, donde existe un ambiente de mucha colaboración. Son todes tan distintos; empiezan nuevas micro-editoriales, se acaban otras, pero tenemos en común el formato del fanzine, que nos permite experimentar y difundir nuestras ideas y el trabajo de muchos autores que tienen algo que decir y algo distinto que mostrar. Creo que uno de los aportes más importantes de las micro-editoriales ea poner en circulación ese material y generar ese intercambio, tanto por su accesibilidad como por la propuesta en sí.

 

 

 

 

 

 

Y respecto a eso, ¿Cuáles serían los mayores desafíos o problemas de levantar una microeditorial o establecerla?

En lo personal, siempre fue un impedimento el tiempo/presupuesto. Puedo decir que me dedico casi en un 80% a Pupi Club, y tenemos un taller súper equipado para seguir experimentando y creando proyectos, pero fueron años duros al principio. Trabajar en las noches después de la oficina era súper común, y claramente las ideas y la motivación se pueden estancar por eso. En gran parte, puede ser resultado de que en este país hay poco y nada de apoyo y vitrina para los proyectos creativos independientes. Tuvimos la «suerte» de ganarnos fondos, lo que nos permitió comprar materiales y establecer nuestro estudio de risografía, pero no todos los proyectos tienen la misma suerte debido a la competitividad que se genera ya que los recursos para este tipo de proyectos no son suficientes. Es cierto eso sí, que a través de la colaboración, alianzas con otros proyectos y las personas que te siguen y te dan like o te compran un fanzine en una feria, se hace todo mucho más fácil.

 

Han trabajado con varios artistas latinoamericanos, ¿Qué tipo de comentarios les han hecho respecto a su trabajo, metodologías y la «escena» chilena?

El proceso colaborativo con extranjeros se ha dado de manera tan natural que en realidad no estoy segura si alguna vez habrán mencionado algo de nuestra metodología o la escena, pero sí nos ha pasado en ferias, sobre todo en encuentros que convocan exponentes internacionales como la Furia del Libro o Impresionante, donde nos comentan lo genial que es el nivel de profesionalismo y calidad que se ve en general en las publicaciones independientes y de todos los autores talentosos que es posible descubrir en estos encuentros. A nivel latinoamericano nos hemos encontrado con varios proyectos con los que compartimos similitudes. En Brasil conocimos a Tais Koshino, editora y fundadora de Editorial Piqui y organizadora de Feria Dente. Nos hicimos amigas y compartimos el sentimiento sobre lo difícil que es sobrevivir en una ciudad grande tratando de mantener un proyecto independiente, y por eso tratamos de apoyarnos en lo que podemos. El año pasado vino a Impresionante y organizamos un workshop de risografía llamado Pupi+Piqui, que salió tan bueno que volverá a fin de año para que lo repitamos.

 

¿Qué es lo que más te gusta de los fanzines? ¿Qué significan personalmente para ti, y qué posibilidades crees que permiten?

Lo que más me gusta de los fanzines es que funcionan como repositorios de cualquier tipo de expresión, no hay límites en eso. Pueden existir fanzines como un manifiesto político o artístico, como también fanzines cuyo fin es solo ser un objeto de apreciación. Lo importante es lo que se genera en torno a ellos: apropiarse de un formato como ese para experimentar la colectividad y el intercambio de ideas es un proceso muy reconfortante de creación.

 

 

 

Entrevista: Valentina Millán. Fotografías : Natalia Hurtado. Dirección de arte: Gabriela Clavería.