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09.08.19

La poesía propia de Cristalina Parra

Cristalina Parra (2000) ya no es más Lina Paya o, al menos, ya no es más esa frágil e inocente niña que describía su abuelo Nicanor en cientos de poemas y entrevistas. Hace un año, una de las más pequeñas integrantes del clan Parra hizo sus maletas y se marchó de su casa en La Reina dejando atrás amigos, dramas y amores, para embarcarse en una aventura que la llevó al medio del desierto. Desde ese lugar ha podido experimentar y arriesgar sin las presiones sociales con las que los chilenos vivimos a diario, erigiéndose así como el ejemplo perfecto de un nuevo Chile, el cual se revela y conquista al mundo sin perder de vista sus orígenes.
Entrevista: Diego Ignacio Ramirez. Retratos: Juan Queirolo.

 

Es una mañana de invierno en Santiago. En el umbral de la entrada de una cafetería de Providencia, aparece una chica alta, de unos 1.75 centímetros, los que están cubiertos casi en su totalidad por un largo abrigo escocés que la protege del frío. Se distingue por una melena castaña y un lunar debajo del ojo derecho. Entra con paso firme pero a la vez delicado.

Su nombre es Josefa Cristalina Parra Núñez, una estudiante de 19 años que se describe a sí misma como “muy chilena y normal”. Pero no es solo su presencia lo que pone en duda esa “normalidad”, sino que además es una de las descendientes más jóvenes de la una de las familias más importantes para la historia cultural de Chile: la familia Parra.

Cristalina es una de las nietas de Nicanor Parra. Vivió sus primeros años junto a él en la casa del antipoeta en La Reina. Hoy, junto algunos de sus primos, está a cargo del inventario de los libros, cuadernos, poemas y obras que dejó su abuelo, todo en un esfuerzo por preservar su obra.

—Está súper helado Santiago. Llegué hace poco de Las Cruces. Me hubiera encantado quedarme más tiempo; amo la costa y su clima, son tan agradables en comparación con el desierto, comenta Cristalina.

A pesar de lo que se podría llegar a pensar, el desierto al que se refiere no se trata de una simple metáfora ni una imagen poética, sino que aquel vívido y árido terreno que rodea la ciudad de Dubái, en los Emiratos Árabes, lugar donde Cristalina reside hace exactamente un año, y desde donde acude a la New York University sede Abu Dabi.

 

 

Cristalina Parra Chile
Cristalina Parra Chile

 

 

 

¿Por qué decidiste estudiar en Abu Dabi?

Fui al Nido de Águilas, un colegio que siempre me incentivó a irme al extranjero. Quería irme a Europa, pero es demasiado caro, así que hablé con unos amigos que habían asistido a NYU Abu Dabi. Ellos me explicaron que trataba de una sede mucho más pequeña,en comparación a la de Nueva York, y, al mismo tiempo, más cosmopolita, por lo que todas las clases son impartidas en inglés.

 

¿Cuánto tiempo planeas quedarte allá?

Cuatro años, pero quiero hacer un año en Nueva York para tomar cursos sobre América Latina y así hacer una tesis mucho más interesante y personal en mi campo que es la Historia del Arte.

 

Pero, según entiendo, entraste a estudiar Economía primero.

Sí, pero duré 3 días. Es que tomé Economía en el colegio y me encantaba. Pero al mismo tiempo, siempre he rechazado las matemáticas porque en mi casa nunca nadie me preguntaba cómo me estaba yendo en cálculo o geometría, sino que siempre era: “¿Cómo te va en lenguaje?”.

 

Como hija del músico Juan De Dios Parra y la actriz María José Núñez, la vida de Cristalina ha estado marcada por la estética y la cultura, un factor que, lejos de ser aislado, ha acompañado y delimitado la carrera de la mayor parte de su árbol genealógico, que tiende a oscilar entre las artes plásticas, la lírica y la arquitectura.

—Siempre ha sido una broma en mi familia: “¿Qué onda que todos son artistas?”. “¡Que alguien sea diferente, por favor!”, confiesa entre risas.

 

¿Sientes que ha cambiado tu relación con Chile al vivir en el extranjero?

Mucho. Me di cuenta de cosas que nunca antes había visto. Siento que ahora aprecio mucho más los detalles del país, como todo el movimiento feminista, el que demuestra que somos una comunidad que pelea por las cosas que consideramos justas. No obstante, para que pudiera darme cuenta de ello, tuve que marcharme lejos para despejarme, especialmente después del último año en el que habían pasado muchas cosas, tanto a nivel familiar como emocional.

 

 

“Me hiciste la maleta,

porque era de las últimas cosas que me podías hacer”

 

Cristalina Parra, texto 2019

  

 

¿Cómo recuerdas tu infancia?

Con demasiado amor. Era una infancia muy familiar, donde vivíamos todos juntos en la misma parcela de La Reina, con mi papá, mi mamá, mi abuelo, mi tía, mi primo Tololo y Doris, que nos ayudaba en la casa y que es otra figura materna importante en mi vida. Era un núcleo familiar muy chileno, muy latino donde nunca me sentí sola.

 

Pero no eran una familia latina común y corriente.

Claro, pero eso nunca ha sido tema, ya que mi familia siempre ha vivido el “reconocimiento” como algo natural. Sin embargo, eso no quita que sea un factor que, entiendo, me otorga muchos privilegios en comparación con otras personas. Algo que en la actualidad creo que he podido procesar y balancear, a modo de entender la suerte que tuve, pero también dándome crédito por las cosas que yo misma he logrado. Pienso que hay mucha gente que ha tenido las mismas conexiones o oportunidades que yo y que, por el contrario, no ha hecho nada con ellas.

 

¿Crees que cargas con una responsabilidad social debido a tu apellido?

Creo que tengo una responsabilidad con un legado, y no solo el de mi abuelo, sino que también el de mi tía-abuela y el de toda mi familia. Creo que, como país, debemos elegir las cosas que nos representan mejor como comunidad y, en ese sentido, tengo la responsabilidad de mantener la obra de mi familia viva y relevante, ya que son muy importantes para el folclore chileno. No obstante, también creo que tengo la libertad para hacer lo que quiera con mi vida, ya que soy parte de una generación diferente, lo que no quita que mi familia tenga mucha influencia en todo mi trabajo creativo.

 

 

«Me desperté con un dolor de cabeza y un zumbido en la oreja  /
Por un momento se me olvidó que anoche fue tu entierro»

 

Cristalina Parra, texto 2019

 

 

Cristalina Parra Galio Chile

 

 

El 23 de enero de 2018 murió Nicanor Parra. Ese día, Cristalina fue una de las pocas personas que estuvo junto a él en la casa del poeta La Reina, lo cual no solo significó enfrentar una gran pérdida a nivel personal, sino que también cargar con las preguntas de la prensa, que comenzó a especular de inmediato con el futuro de la herencia patrimonial del artista. Una duda que, afortunadamente, ya había anticipado el núcleo familiar y el mismo Parra, quienes habían decidido realizar un inventario de todo el trabajo y material que Nicanor había guardado por años, para así exponerlo como patrimonio nacional bajo el alero de la Fundación Nicanor Parra.

 

Tu primo Tololo dijo en una entrevista que se habían ganado hartos enemigos de la elite chilena con la recuperación del trabajo de tu abuelo.

Me da mucha risa eso de tener enemigos, a mí nunca nadie me ha dicho nada. De hecho, siempre me ha dado risa que me pregunten sobre mis dramas familiares porque, en general, yo no tengo la menor idea. Creo que gran parte de los problemas que se mencionan en la prensa son resultado de los mismos medios. El drama es lo que vende y, francamente, no sé en qué especie de teleserie esperan convertir a mi familia. Creo que lo importante es siempre enfocarse en las cosas que realmente valen la pena, como la creación del inventario.

 

¿Cómo fue el proceso de llevarlo a cabo?

Hicimos un inventario de varias casas y lugares, en un proceso muy profesional y emocional, donde me di cuenta que las cosas más interesante suceden cuando se vincula la vida personal con la vida académica. Me pasó que al ir catalogando y buscando cosas logré ver a mi abuelo y sus textos de forma distinta porque, a pesar de que pasé toda mi vida en La Reina junto a él, nunca había podido abrir todos los libros que estaban en su biblioteca. Entonces el inventario fue un proceso en el que comencé a descubrir notas en los márgenes, dedicatorias, notas en bolsas de té y distintas cosas que iban conformando la realidad de un individuo que, para mí, era súper personal, como lo es un abuelo, para transformarse en el gran personaje que es Nicanor Parra. Esto último fue una gran revelación, la que se vio empañada por su muerte, transformando todo el proceso en una manera muy linda de reencontrarme con él.

 

¿Qué importancia crees que tendrá ese inventario para Chile?

Creo que será importante en el sentido de que esos libros, algunos abiertos y leídos por mi abuelo y otros jamás tocados, son parte esencial de su trabajo creativo. Tanto los libros como los poemas son parte de la misma obra de arte y, por ello, deben ser expuestos y valorizados junto al lugar que los alberga, como lo es la casa de La Reina. Aún cuando esto último signifique exponer algo que es tan personal para mí, como lo es la casa donde crecí. De todas formas, será un privilegio el hecho de que Chile sienta que estos manuscritos y documentos forman parte de su patrimonio, más que de una persona o una familia específica.

 

¿Cuál es tu función dentro de la Fundación Nicanor Parra?

Actualmente soy parte del directorio. Sin embargo, debido a que no vivo en Chile, no soy un miembro tan activo. De todas formas, intento apoyar siempre a mi familia en todo lo que decidan hacer. Es muy difícil tener una fundación con la familia porque es un trabajo que requiere tomar decisiones difíciles, además de dedicarle mucha atención y tiempo. Por esta razón, siempre me saco el sombrero por gente como Tololo y Colombina, quienes usan mucha de su energía para mantener el legado de mi abuelo.

 

 

«En muchas familias nadie escribe poemas  /  Pero cuando lo hacen, rara vez es solo una persona  /  Algunas veces la poesía fluye en cascadas de generaciones  /  Que ocasionan temibles corrientes en las relaciones familiares»

 

Cristalina Parra, texto 2019

 

 

Cristalina Parra Galio Chile
Cristalina Parra Galio Chile

 

 

En tu Instagram has comenzado a publicar tus propios poemas.

Hace un tiempo me di cuenta que había acumulado varios poemas en las notas de mi celular y un cuaderno que cargo. Así que empecé a ubicarlos en orden cronológico y a reescribirlos, logrando reflejar así toda la travesía que hice, desde que partí de Chile, pasando por el extranjero, hasta volver un año después.

 

¿Has pensado en publicarlos en formato de libro?

Sí, tengo pensado publicar un libro con algunos de mis poemas en diciembre. Está inspirado en el cambio y en los vaivenes qué hacemos para sobrevivir, donde continuamente nos encontramos en a punto de caer al abismo pero no lo hacemos. Un movimiento de lado a lado que, personalmente, necesito para crecer. Cuando comencé el libro estaba muy metida con el arte performático. De hecho, lo único que tuve por mucho tiempo en mi pieza en Abu Dhabi, así súper minimalista y cursi, era una página del libro de la Marina Abramovic, en el que indica lo importante que es salir de la zona de confort y tirarse al vacío.

 

¿Qué te atrae de la industria creativa y qué cambiarías?

Pensé al tiro en ropa, porque últimamente he estado muy preocupada por la polución que la industria de la moda produce. Y eso también tiene que ver con el libro que quiero publicar, el cual espero no se trate de un objeto que se va a tener tres meses para luego botarlo con el resto de los desperdicios. Al mismo tiempo, creo que una de las cosas importantes a la hora de ser consciente es darse cuenta de los privilegios que tenemos, ya que son estos los que nos permiten acceder a cierta información y darnos cuenta de las problemáticas que nos aquejan. Tengo fe en que nos estamos moviendo en una dirección socio-política mucho más humana, y eso se nota harto en mi libro; el cambio que ha tenido Chile en tan poco tiempo.

 

¿Qué temas te llaman la atención actualmente?

Difícil. Hace un tiempo me interesaban mucho los vínculos que se dan entre el arte de América Latina y el Medio Oriente, ya que en ambos casos las instituciones continúan reproduciendo un discurso basado en el “oriente y el occidente”, los bordes y las fronteras. Esto último lo pude comprobar al conocer más de cerca el mercado del arte, donde los artistas que más venden siguen siendo hombres-blancos-cisgénero, como Jeff Koons. Tanto América Latina como Medio Oriente tienen culturas que históricamente han sido fetichizadas o estereotipadas. Por eso creo que es importante realizar más estudios sobre personas y contextos que han sido marginalizados. Al mismo tiempo, me interesa el trabajo creativo que han realizado las mujeres “auto-formadas”; es decir, aquellas que crean sin haber recibido una educación académica. Es algo que me llega muy personalmente, puesto que crecí con las pinturas de la Violeta Parra en mi casa, que también es una mujer marginalizada, no-blanca y auto-formada.

 

¿Cuáles son tus planes para el futuro?

Ahora mismo me estoy embarcando en dos proyectos. El primero se trata de una pasantía en Christie’s Dubai, en la cual espero aprender mucho más sobre el mercado del arte. El segundo proyecto es la creación de un blog y podcast con columnas relacionadas al sexo y la sexualidad, específicamente en Latinoamérica. Aún cuando fui a un colegio privado donde tuve educación sexual, me gradué solo sabiendo ponerle condón a un plátano. No tenemos una educación sexual apropiada, inclusiva. Por ello, en mi caso, terminé buscando información en internet, a través del porno, blogs, y siempre en inglés, en sitios que generalmente se saltan el factor de la etnicidad. Por eso quiero crear una comunidad segura que eduque inclusivamente y sin juicio a través de relatos personales. Quiero usar mis privilegios para hacer un cambio.

 

 

Entrevista: Diego Ignacio Ramirez. Retratos: Juan Queirolo.