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02.07.20

“A la mierda, lo voy a hacer”: OnlyFans y la autogestión erótica

Con 24 millones de usuarios registrados, la plataforma OnlyFans se ha convertido en una opción para muches que no han podido generar ingresos por la pandemia. Desde la comodidad de su hogar, miles de personas en todo el mundo comparten sin censura desde selfies hasta pornografía explícita a cambio de la suscripción de sus seguidores.

Conversamos con tres usuarios de la red social sobre qué los llevó a generar contenido, y cómo han vuelto parte de sus vidas esta nueva forma de libertad sexual y económica, la que no está exenta de riesgos.
Texto: Diego Ignacio Ramirez. Fotografías Kandi Milk: Daniela Beltrán.

 

El 4 de abril de 2020, Lizz publicó en su cuenta de Twitter: “Oye si me hago un onlyfans creen ke perdería el respeto de la gente?. Pregunta que, luego de 106 me gusta, 3 retweets y 30 comentarios le dio la confianza a la Dj/cantante/influencer chilena para abrir su cuenta en OnlyFans. “Me había llamado la atención la idea hace un año, cuando varios amigos de EE.UU se comenzaron a hacer cuentas. En ese momento le pregunté a mi amiga Tomasa Del Real qué le parecía, a lo que me respondió: “Perra, tú eres una artista, ¿cómo vas a hacer eso?’”.

La crisis mundial del COVID-19 no sólo obligó a la Dj a hacer cuarentena obligatoria, sino que repercutió directamente en su fuente de ingresos. “Por la pandemia, pasé de tocar muchas veces en el mes y tener tours por el mundo, a ganar nada. Esto me llevó a tener dos opciones en mi cabeza: pagar el arriendo del departamento con mis ahorros, o hacerme una cuenta en OnlyFans. Ahí fue cuando dije: ‘A la mierda, lo voy a hacer’, y empecé a subir fotos”.

 

 

 

 

OnlyFans es una red social creada en 2016, en la que los usuarios o ‘creadores de contenido’ (como los llama la página) cobran un pago por ver lo que suben a sus cuentas. Un mecanismo copiado de Patreon que, sin embargo, goza de una característica particular: permite subir fotos y videos eróticos sin ningún tipo de censura. El pago para ver estos contenidos puede ir de un mes a un año, y garantiza material nuevo regularmente. Las suscripciones van desde los 4,99 dólares, y OnlyFans retiene un 20% del pago. Actualmente cuenta con 24 millones de usuarios registrados, y a pesar de que el contenido de la plataforma es casi exclusivamente erótico, el sitio también contempla otro tipo de cuentas sobre fitness, nutrición o modelaje.

Las sesiones de Lizz suelen comenzar con algo de ropa, la que se va quitando poco a poco hasta quedar desnuda. Sin embargo, la artista es tajante en aclarar que ninguna de estas sesiones finaliza de manera explícita. “El contenido que subo a OnlyFans es parecido al de mi cuenta de Instagram, pero sin la censura de esa plataforma. Son sesiones estilo Latin Fantasy:  se me ve un pezón o las tetas, y están inspiradas en lo que solía ser una chica Playboy, donde nada era sucio, sino que todo era medio celestial”, cuenta.

 

 

 

 

Un situación similar a la de Lizz vivió Kandi Milk, maquilladora de 21 años y manager de la Dj, cuyas finanzas también se vieron afectadas con la prohibición de eventos. “El Coronavirus cagó todo, nos quedamos cero pesos, por eso decidí probar suerte con OnlyFans, justo después de la Lizz. Sin embargo, nuestras experiencias fueron muy distintas, ya que a la Lizz le comenzó a ir increíble enseguida, probablemente porque se trataba de un culo famoso, mientras que a mí me costó mucho, llegando incluso a tener un solo suscriptor en algún momento”, cuenta.

En este sentido Kandi Milk advierte que OnlyFans es una plataforma muy diferente a otras donde se vende material erótico. “Yo lo puedo comparar con mi experiencia en SeekingArrangement (sitio especializado en contactar “sugar daddys” con “sugar babies”) donde tengo una cuenta hace años y siempre me ha ido increíble. Creo que la diferencia está en que en otros sitios parecidos se espera que, llegado el momento, el creador de contenido y el suscriptor se conozcan, mientras que en OnlyFans esa posibilidad no es lo primordial, sino que se trata solamente de qué tan atractivo es el contenido visual que subes”, relata.

 

 

 

 

Este atractivo visual al que alude Kandi Milk es llamado por la socióloga Catherine Hakim como “Capital Erótico”, que explica cómo la belleza de las personas no basta para hacerlas populares, sino que también depende de otros factores como el atractivo sexual, vestir colores y formas que favorezcan ciertos atributos, además de saber coquetear y empatizar con el público. Para Lizz, esto se refleja no solo en tener contenido de muy buena calidad, sino que también en la completa disponibilidad de los creadores. “Todos los días me conecto a responder los mensajes que me dejan usuarios de todo el mundo para así mantenerlos interesados y que renueven sus suscripciones. Debo responder siempre, aún cuando a veces me siento deprimida, por la vida o por el contexto”, admite.

Algo similar plantea EdAndres, uno de chilenos más reconocidos dentro de OnlyFans por sus osados videos con juguetes sexuales y fisting, quien remarca que el apoyo de los amigos y la familia son fundamentales para alcanzar éxito en la plataforma. “Poco tiempo después de que decidí hacerme una cuenta en OnlyFans le conté a mi mamá, que me dijo: “Hijo, haz lo que quieras, pero sé feliz”, cuenta.

Ed comenzó en OnlyFans luego de terminar una relación. “Este quiebre terminó siendo una especie de revelación, ya que siempre había querido hacer porno. Fue solo en ese momento que me armé de valor y me hice una cuenta”, admite. Sin embargo, a diferencia de Lizz y Kandi, los inicios de Ed también incluyeron la prostitución, una experiencia que le permitió entender cuáles eran sus límites e intereses. “Al principio iba a todas pero, con el tiempo, me di cuenta que no me sentía cómodo con algunas cosas, especialmente porque hay gente que se siente dueña de ti solo por el hecho de pagarte por tener sexo. Se sienten libres de hacer lo que quieran sin tomar en cuenta lo que tú deseas. Por eso terminé dedicándome exclusivamente a OnlyFans, donde yo soy el director de mi propio porno, ordeno mis tiempos y me muestro y hago lo que me parezca placentero”, relata.

 

 

 

 

A pesar de la libertad sexual que otorga la página y de que cada usuario controla lo que publica, un miedo que comparten tanto Lizz como Kandi y Ed es la filtración de sus contenidos. Lizz admite que esa fue la principal motivación para contarle a su mamá sobre su cuenta. “Preferí contarle antes de que se enterara por otro lado. Al principio me daba miedo que esto pasara porque es una faceta muy personal, que la gente dijera que yo era puta o fácil. Después de todo yo fui criada en el sur, soy piscis, creo en el amor y no tengo citas. Por eso antes de subir cualquier contenido me pregunto si me sentiré cómoda en caso de que se filtre”, admite. Una regla similar tiene Kandi Milk, quien recomienda publicar en OnlyFans solo el contenido que subirías en otras redes sociales como Instagram. “Hay que tener claro el peligro que se corre al subir contenido erótico a internet. Yo vivo con mi familia que es súper conservadora y nadie sabe sobre mi trabajo como Sugar Baby ni de mi cuenta en Only Fans. Sin embargo, me pasó una vez que me contrató como Sugar Baby un viejo que tenía muchos amigos en común con mi papá. Esas cosas pueden pasar con este tipo de sitios”, reconoce.

Según la abogada Natalia Cabrera Morales, el actual ordenamiento jurídico no contempla expresamente la acción de producir y vender material erótico o pornográfico en sitios como OnlyFans, por tanto, esto no correspondería a una actividad ilícita. No obstante, este mismo vacío legal resulta en una total desprotección a los creadores frente a una eventual filtración de sus fotos y videos. Por esta razón, Cabrera recomienda ocultar tatuajes, lunares, el rostro y cualquier tipo de datos personales, para así disminuir las posibilidades de un daño futuro.

Otro aspecto que ha generado debate respecto a OnlyFans es cómo esta producción de material erótico puede convivir con un discurso feminista. En este sentido, la feminista Virgine Despentes -quién fue prostituta un par de años- explica en su libro “Teoría King Kong” que no es la pornografía en sí lo que molesta a las élites, sino que su democratización. De igual forma, el polémico prostituto y activista José Carlos Henríquez sostiene que la ciber-prostitución puede ser una revolución o ‘porno-atentado’ frente a la normatividad de las redes sociales como Instagram o Tumblr, las cuales han dado un vuelco a un contenido cada vez más ‘familiar’.

 

 

 

 

En ese sentido Ed recalca la importancia de opinar desde la experiencia. “Me causa risa que mucha gente que no está dentro de la industria de la pornografía hable sobre cómo se debe trabajar en ella”, admite. Sin embargo, reconoce que esta libertad está relacionada a la posibilidad de producir bajo condiciones seguras. “Yo conozco solamente la industria independiente y autogestionada porque me da miedo trabajar en una productora grande, donde me hagan vender algo con lo cual yo no me sentiría cómodo”.

De igual forma, Kandi Milk remarca cómo el material de OnlyFans, en general, es producido en condiciones de privilegio con las que una gran parte de la industria no cuenta. “Yo hago esto porque me gusta, no porque me obliguen a hacerlo, muy distinto al contexto de muchas producciones porno donde la trata de blancas continúa siendo algo recurrente”, asegura.

Por su parte, Lizz comenta que ha recibido críticas de parte de feministas abolicionistas, las cuales le reprochan el continuar reproduciendo estereotipos machistas a través de sus imágenes. “Suelo responderles que mi trabajo siempre ha estado ligado a la liberación de la mujer y de la comunidad LGBTQAI+. De hecho, yo soy Dj de reggeatón y música afrodescendiente contemporánea, estilos que fueron hechos por y para hombres, por tanto mi trabajo siempre ha buscado la reivindicación de las mujeres en los espacios creativos. Al final, todo lo que hago comparte la misma misión, que es el de entretener a la gente. Esto se trata de una elección personal, donde yo decido cómo, cuándo y cómo me quiero mostrar al mundo, y al que no le guste… que me chupe una teta”.

 

 

 

 



 

Texto: Diego Ignacio Ramirez. Fotografías Kandi Milk: Daniela Beltrán.