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17.07.20

El doble confinamiento para la comunidad LGBTIQ+

Laboral, económica, física y emocionalmente. Sin dudas, todes hemos visto nuestras vidas afectadas a partir del coronavirus. Pero esta pandemia no es neutral en términos de igualdad ni es igual para las minorías sexuales. El encierro en una casa que no es necesariamente un hogar, conflictos familiares y irregularidades en la entrega de tratamientos hormonales y de terapias para el VIH son algunos de los problemas que parte de la comunidad LGTBQ+ ha vivido en los últimos meses. Y es que aún tras cuatro paredes, para algunes este encierro lleva consigo una bandera de lucha.

Hoy estamos obligados a estar todo el día en casa, y para muches, esta no siempre ha sido un hogar, y la verdadera familia, la elegida, tampoco habita la misma casa. Convivir encerrados tanto tiempo con la familia puede ser muy complejo para cualquiera, pero para una persona que no es aceptada dentro de su entorno familiar puede llegar a ser una pesadilla. Durante estos meses de cuarentena, jóvenes de la comunidad LGBTQ+ han tenido que coartar por completo su libertad de expresión para evitar conflictos con familiares que no aceptan quiénes son.

Rodrigo Mallea, activista por los derechos LGBTIQ+, explica que la imposición social del modelo de familia, matrimonio heterosexual y cisgenerismo obligatorio imperante en Chile, implica con ella una exposición innecesaria a violencias respecto a las cuales no hay escapatoria ni acceso a redes de cuidado, apoyo y contención en la misma familia.

Bastián Abarzúa, joven disidente de 23 años que está viviendo el encierro junto a su familia, asegura que, a pesar de que sus padres saben de su orientación sexual, esta cuarentena se ha convertido en una constante opresión de su identidad dentro de la casa. Antes de la pandemia, Bastián estaba aún descubriendo otras formas de expresión más liberadoras que no tuvo tiempo de explotar, como el no binarismo. Acciones como vestirse y maquillarse de distintas maneras han sido cambiadas por tener que adoptar una actitud que no le acomoda ni le identifica dentro de la casa que comparte con su familia.

Según Juan Cristóbal Concha, psicólogo LGBTIQ+, las personas de la comunidad suelen descubrir su orientación sexual y definir su identidad fuera de su casa y núcleo familiar. Amigos, parejas escondidas y grupos que se convierten en verdaderas redes de apoyo y donde pueden ser elles mismes, lugares donde encuentran un hogar más acogedor que su propia casa.

Tras más de 100 días de encierro, ¿cuánto tiempo se puede ocultar y oprimir la verdadera identidad? Y si esconder quién uno es no es una opción ¿ante qué violencia se es vulnerable en la propia casa?

 

Una cuestión de salud pública

 

El sistema de salud en Chile lamentablemente también es parte de la discriminación sistémica contra las minorías sexuales. Uno de problemas más graves, y que se arrastra desde el estallido social de octubre, es la falta de seguimiento a la entrega de medicamentos a pacientes con VIH+.

“En la situación actual de pandemia, existe en Chile un relegamiento de la salud sexual y esto se ve reflejado en las falencias del sistema para las personas que deben recibir y mantener sus tratamientos al día. Si una persona con VIH no recibe su medicación o la recibe de forma irregular, está poniendo en riesgo su vida”, explica Matías Marín, coordinador de comunicaciones de la Red de Jóvenes y Adolescentes Positivos de Latinoamérica y el Caribe (J+Lac).

 

 

 

 

Marín cuenta que ONUSIDA elaboró una indicación en la que recomendaba a los sistemas de salud entregar, durante la pandemia, las dosis relativas a tres meses de tratamiento para personas con VIH. Sin embargo, hace unas semanas vieron en el Hospital San José cómo a un chico le entregaron un frasco con solo 10 pastillas, lo que lo obligaba a tener que volver al hospital a buscar sus siguientes dosis en menos de 10 días. “Hace falta cuidar a las personas que pueden estar en mayor riesgo frente al Covid-19”, concluye.

En junio, el activista Víctor Hugo Robles, “el che de los gays”, denunció la entrega imparcial, incompleta e irregular en terapias para el VIH, y pidió que la Corte de Apelaciones ordenara al Minsal a seguir y cumplir las indicaciones de la ONU,  para “proteger la salud y la vida de las personas que estamos viviendo con VIH, y que nos entreguen terapias multi-mes, a lo menos por tres meses, evitando así ir a los hospitales y el contagio por COVID-19”, según informó El Desconcierto.

En casos como estos, es fundamental la contención de los colectivos. Marín explica que el estar en uno le ha permitido conectarse con otras historias similares, lo que le ha servido para poder sobrellevar el diagnóstico, y, en el actual contexto, recibir la información necesaria sobre cualquier problema que exista en el hospital, lugar al que tiene que retirar sus medicamentos, o para aprender qué cuidados debe tener en relación con el Covid-19 y VIH.

Otro de los problemas que ha surgido en los últimos meses, y que ha perjudicado en particular a la comunidad trans en Chile, son las pausas en los tratamientos de terapia hormonal en el sistema de salud pública, lo que ha afectado a muches en medio de sus procesos de transición.

“Mi tratamiento hormonal se encuentra inactivo en este momento. Además, mi acceso a la salud chilena me hace pasar por muchos malos ratos que me hacen tener que explicar mi situación, exponiendo constantemente mi vida personal”, denuncia Fernando Javier, hombre trans y migrante venezolano en Chile.

 

Un orgullo sin visibilidad

 

Durante junio se conmemoró el Mes del orgullo LGBTQ+. Arcoíris, hashtags, y muchos saludos de parte de personas públicas y marcas. Sin embargo, conmemorar este mes en medio de una pandemia exigía, más que nunca, alzar la voz y denunciar las falencias del sistema que afectan a la comunidad.

Según Rodrigo Mallea, los referentes que se encuentran actualmente en los medios de comunicación no representan las demandas de la comunidad más vulnerable. “Si en los medios de comunicaciones no existimos, ¿quiénes existen?”, se pregunta.

Andy González, activista trans, cuenta que “es difícil conversar de nuestras demandas durante el confinamiento, cuando no hay medios hablando de esto. Es como que nuevamente dejáramos de existir en este sistema”.

Y es que tras más de 100 días de encierro y una crisis de social y de salud pública sin precedentes en Chile, la pandemia viene acompañada de una interminable denuncia, siendo para muches un encierro teñido con demandas urgentes e históricamente incumplidas.