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31.08.20

Escenarios complejos: Los desafíos actuales de la cultura en Chile

La crisis sanitaria ha forzado un cambio en los formatos de consumo de la cultura, y las disciplinas artísticas han debido transformarse e innovar en las formas de entregar sus contenidos. Pero a la vez, la pandemia resalta la vulnerabilidad y abandono de la industria cultural en Chile. ¿De qué forma están subsistiendo les trabajadores detrás de las artes?

Texto: Joaquín Vergara. Ilustraciones: María Jesús Conteras.

 

 

En los últimos meses, las maneras de consumir cultura se han reducido a una experiencia exclusivamente telemática. Y es que a pesar de lo lúgubre que pueda parecer el panorama actual, las producciones no se han detenido, y se han destacado como formas de distensión mental dentro del confinamiento.

“La gente se ha volcado a la música, los espectáculos, a las conversaciones, reflexiones y a la cultura. El arte es fundamental para sentirnos como comunidad, para permanecer juntos, para pensarnos y sentirnos como colectivo. Su aporte a la salud mental es indiscutible a estas alturas. Sin arte estamos condenados a recibir solo malas noticias”, reflexiona la actriz, dramaturga y gestora cultural Andrea Gutiérrez, parte de la Red de Actrices Chilenas (RaCh).

Desde la misma vereda, Francisca Rodríguez, escritora y editora de Ediciones Imposibles y parte del colectivo Auch!, que agrupa a más 100 autoras a lo largo del país que abogan por la equidad de género y la visibilidad del trabajo femenino en la literatura, comenta que se están realizando varios talleres literarios, y valora la creación de la primera feria del libro virtual de Valparaíso, que incluyó conversatorios y charlas. Sin embargo, lamenta la disminución de ventas de editoriales independientes, en comparación a otros años: “Cuando aumenta el desempleo y el hambre, comprar un libro deja de ser prioridad”.

 

 

El papito corazón de la cultura

 

El adverso panorama actual posee múltiples aristas y tiene a les creadores de cultura en jaque. El último catastro publicado por el Ministerio de la Cultura, las Artes y el Patrimonio, arrojó que el 85% de los trabajadores de este rubro son “independientes”, es de decir, no cuentan con un contrato, y de estos, el 79% declara no tener un ingreso estable. Cifras que demuestran la vulnerabilidad y precarización sistematizada de las personas que se dedican a disciplinas y rubros artísticos y culturales en Chile.

Pero esta no es información nueva. La inestabilidad económica que viven les trabajadores es una problemática de décadas, y la lucha de distintos gremios por años.

“Hemos vivido la precarización histórica en el sector de las artes, donde nos encontramos con un alto porcentaje de trabajadores desarrollando sus labores de manera sostenida en la informalidad, sin ningún tipo de seguridad laboral ni protección social, y sin aparecer en ninguna nómina ni registro social para poder acceder a bonos o ayudas estatales”, cuentan desde la Red de Organizaciones en la Música de Mujeres y Disidencias Asociades (Rommda).

 

 

 

 

 

De acuerdo a los datos arrojados por el sondeo, el 72% de los trabajadores consultados declara que actualmente su situación económica es mala o muy mala. Frente a esta urgencia, en marzo se anunció un plan de apoyo que aportaría con $15.000 millones para inyectar en cultura. Pero contrario a las peticiones de las mesas de dialogo, en mayo se estableció que estos fondos serían concursables, y los cupos se agotaron antes de que se cerrara la convocatoria.

“La lógica de fondos concursables y licitaciones para financiar proyectos artísticos impiden la promoción de la diversidad cultural de nuestro país, ha empeorado las condiciones laborales de les artistas y aumentan la brecha de género en la creación del arte”, asegura la escritora Francisca Rodríguez.

Según Sidarte y otras organizaciones, los fondos de emergencia para la cultura solo beneficiarían a un 12% de les trabajadores de las artes escénicas, dejando fuera de la bonificación a más de 5.300 personas. Y desde las organizaciones lamentan el sistema de concurso que se instauró para acceder a los fondos, ya que fomenta la lógica de competencia entre pares y crea una constante dependencia a dichos fondos, mientras perpetúa la inestabilidad laboral.

“Lo que sucede con las y los trabajadores de la cultura es un abandono doloroso, que ocurre en muchos ámbitos de la sociedad, pero en la cultura impacta la desidia, la poca valoración de la labor, la nula importancia política que se le entrega. La cultura es un bien público, un derecho de todas las personas que nos constituye socialmente y dota de sentido a nuestras experiencias en el mundo”, afirma Andrea Gutiérrez.

A principios de agosto, y tras 5 meses de trabajo para mitigar los efectos de la crisis producida por la pandemia, 54 organizaciones de diversas áreas culturales comunicaron mediante una carta que dejarán de participar en la mesa de trabajo del Ministerio de la Cultura, el Arte y el Patrimonio. En el documento detallan que aquellas instancias no significaron un espacio participativo, proactivo, ni menos resolutivo ante la emergencia que están viviendo.

Hoy, les representantes de las organizaciones consultadas insisten en la urgencia de otorgar derechos laborales dignos y que garanticen la sostenibilidad de les trabajadores de la cultura.

 

Experiencias a distancia

 

“La música es el soundtrack de nuestras vidas (…) dentro del aislamiento social, les artistas nos hemos reinventado para seguir acompañando los diversos estados emocionales que afrontamos como sociedad, con conciertos, clases y conversatorios. Estamos ahí para educar, emocionar y hacer reflexionar a nuestra audiencia, ahora de forma virtual”, afirman Noela Salas y María Paz Videla, de Rommda.

Rommda nace de la unión de 10 organizaciones transfeministas que funcionan dentro del espectro de la industria musical chilena, como Tramus, Ruidosa o La Matria. Su objetivo es levantar propuestas que incidan en las políticas públicas y privadas, para generar un avance en la visibilización, representación y derechos laborales de mujeres y disidencias que se desempeñan en la música dentro de Chile.

Sin embargo, tanto a Noela como a María Paz les preocupa el doble filo que significa presentar nuevas creaciones y contenidos inéditos en los espacios virtuales. Esto debido a que si bien es una salida creativa acorde a los momentos en que nos encontramos, aún no se establecen parámetros claros para la monetización de estos contenidos, existiendo el riesgo de caer en una gratuidad infinita y una desvalorización del trabajo artístico.

 

 

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Te imaginas la cuarentena sin música, libros, películas, danza, circo, teatro? Muchas de estas artes hoy las disfrutas desde tu casa, quizás mañana ya no estén. Hoy, lxs trabajadorxs de las cultura, las artes y el patrimonio no pueden trabajar. ¡Se están cerrando indefinidamente teatros y museos de manera silenciosa! ¿Qué harás sin cultura el día de mañana? #CulturaenAgonía, necesitamos acciones concretas, diálogo interministerial y voluntad política! #trabajadorxsdelaculturaunidxs #nosonfondosdeemergencia #noestamosenelmapa @culturas_cl @ministeriodehacienda @economiafomentoyturismo @mintrabchile @consuelovaldesc @lucaspalaciosC @ignaciobriones_ @CCulturalesRM @museosdechile @gestorasenred @redtrabajadorasdelasartes @fmnchile @musicasenred

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La autogestión frente a la crisis

 

Sin lugar a dudas, el arte se posicionó como un salvavidas de la salud mental para personas en reclusión social. Pero, ¿de qué forma están subsistiendo les trabajadores detrás de las artes y la cultura en nuestro país?

Hasta ahora, la responsabilidad de la subsistencia de los rubros culturales ha caído en los colectivos que han levantado fondos de emergencia para apoyar a sus compañeres en apuros, demostrando que la autogestión puede ser una respuesta a la crisis, pero que no resuelve el problema de fondo.

La pandemia ha golpeado a su gremio de forma demoledora y lamentablemente el teatro será una de las últimas actividades en retomar su trabajo normal. A raíz de dicha situación, el Sidarte se encuentra realizando la campaña solidaria “Fondo Solidario SIDARTE”, para reunir fondos que serán destinados a las integrantes mas vulnerable del colectivo.

Una experiencia similar está viviendo la danza, desde que no es posible reunir grupos de personas en lugares públicos. A pesar de esto, dicha expresión se encuentra lejos de desaparecer. Betania González, Diana Carvajal y Consuelo Cerda Monje de la Red de Trabajadoras de las Danzas, aseguran que el distanciamiento social no es limitante para su disciplina:

“Nos interesa hacer notar que es cosa de dejar entrar la danza a nuestras casas, darle espacio al goce del cuerpo en movimiento, el tacto, la sensibilidad, que son fundamental para subsistir, no como una terapia para seguir rindiendo y siendo productivo, sino para energizarse al celebrar la resistencia y las luchas”.

Dentro de esta línea y haciendo uso de sus redes sociales, se han dedicado a desarrollar ciclos llamados “Muevete en red”, donde exploran aspectos teóricos y prácticos de la danza. A la par, levantaron una campaña de donaciones con ayuda de la plataforma Airfounding, para subvencionar una canasta de alimentos saludables y la creación de un fondo de emergencia para las compañeras más vulnerables.

Pese al rol fundamental del arte dentro de la reclusión causada por el COVID-19, les trabajadores de la cultura aún esperan la ayuda de emergencia prometida en marzo para mitigar los efectos económicos dentro del sector creativo.

Puede que las organizaciones culturales se hayan bajado de la mesa de dialogo del gobierno para resolver las necesidades del gremio, pero anunciaron que seguirán trabajando en conjunto a través de la Coordinadora Intersectorial Cultura en Emergencia, orgánica que ya presentó ante el gobierno el “Plan de emergencia y reactivación Cultural” que incluye 15 medidas para ayudar a su situación, como por ejemplo frenar inmediatamente los recortes al presupuesto del Ministerio de las Culturas las Artes y el Patrimonio.

 

 

Texto: Joaquín Vergara. Ilustraciones: María Jesús Conteras.