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En una estación de metro de Nueva York, Kristina documenta para TikTok sus outfits bajo luces fluorescentes y ante la mirada confundida de los transeúntes, que sin querer se cruzan en sus videos. Pero en una ciudad que no se sorprende por nada, a nadie le llama la atención cómo viste: lleva un traje de baño deportivo sobre una camisa a cuadros, con un blazer formal por encima, y en cada brazo un canasto de colores, enormes y poco prácticos para la ciudad.
Por vestir “feo”, o fuera de lo convencional, usuarios de Internet la admiran y critican en igual medida. Kristina personifica una actitud, un acercamiento a la moda que no es nuevo, que es la exploración de la fealdad. Hoy en día, su vestimenta caería bajo el paraguas del término “ugly-core”.
Este estilo es interpretado de muchas maneras diferentes, que van desde los looks maximalistas con elementos de ironía, colores y estampados que no combinan, a looks minimalistas de faldas largas en tonos marrones y zapatos casi ortopédicos. El ugly-core puede ser experimental o no tanto, pero en última instancia se trata de vestir con prendas «poco favorecedoras», conjuntos poco armoniosos o que van intencionadamente en contra de lo que constituye una silueta o estética «deseable» y “atractiva” o incluso comercial.
No es la primera vez en la historia que vestirse “feo” se considera cool dentro del mundo de la moda. Pero sí estamos ante una de las primeras veces en las que los algoritmos de las redes sociales intervienen en la popularización de esta tendencia.
Como señaló la escritora y crítica cultural Rayne Fisher-Quann, todavía vivimos en un mundo en el que “la moda se juzga exclusivamente por los cuerpos que la visten”, y los cuerpos delgados no son tan duramente juzgados por experimentar con la ropa como los cuerpos gordos. Esta dinámica es especialmente alimentada por las redes sociales, en donde los cuerpos son mercantilizados a cambio de interacciones y atención.
¿Cuál es el origen de esta corriente en la moda? ¿Cómo distorsionan las redes sociales su intención original, y qué rol juegan los estándares de belleza en esto?
Los orígenes del ugly-core
«La investigación de la fealdad es, para mí, más interesante que la idea burguesa de la belleza. ¿Por qué? Porque lo feo es humano” – Miuccia Prada.
En una década de los 90s reinada por el sex appeal de Versace y el Gucci de Tom Ford, el minimalismo chic de Calvin Klein y el protagonismo de supermodelos como Naomi Campbell y Cindy Crawford, la diseñadora Miuccia Prada va en contra de la corriente. El editor de moda Robin Givhan describe así, sin pelos en la lengua, la colección S/S 1996 que Miuccia diseña para Prada:
“Las prendas que desfilaron por la pasarela de Prada para la primavera de 1996 eran rígidas y poco favorecedoras. Los verdes oscilaban entre los tonos del barro y el moho. Los marrones eran turbios: el color del agua cuando se estanca durante un largo y caluroso verano (…) Los colores – lima, naranja – favorecen a la gama más estrecha de tonos de piel y encabezan la lista de los tonos más odiados por los consumidores”.
A pesar de las críticas, Miuccia Prada logró en su momento darle estatus de alta costura a lo feo, cosechando admiración entre muchos. Según la editora de AnOther Magazine Susannah Frankel, Miuccia es la diseñadora que hizo que lo feo sea chic.
Hoy en día, la “hermana menor” de Prada, Miu Miu, es la marca N°1 del mundo, según anunció el Lyst Index recientemente. Al principio, puede que Miuccia haya sido santa de devoción de un nicho muy específico, pero hoy está probado que todas las fashionistas quieren ser parte de su mundo. Y su estética sigue intacta: en la última colección que mostró la marca en París, las modelos llevaban anteojos al estilo Betty la Fea que estaban medio empañados y un estilismo desordenado, con collares mal puestos sobre el cuello de las camisas.
El ugly-core, y su derivado “weird girl-core”, también tienen su origen en las calles de Japón, con la cultura del Harajuku. En un estudio observacional sobre el Harajuku, Amelia Bloom afirma: «[Las chicas de Harajuku] utilizan la indumentaria experimental para comunicar a la sociedad en general su desilusión con ella. [En ocasiones] cuestionan el mismo significado y función de la vestimenta”.
Hoy en día, la “hermana menor” de Prada, Miu Miu, es la marca N°1 del mundo, según anunció el Lyst Index recientemente. Al principio, puede que Miuccia haya sido santa de devoción de un nicho muy específico, pero hoy está probado que todas las fashionistas quieren ser parte de su mundo. Y su estética sigue intacta: en la última colección que mostró la marca en París, las modelos llevaban anteojos al estilo Betty la Fea que estaban medio empañados y un estilismo desordenado, con collares mal puestos sobre el cuello de las camisas.
El ugly-core, y su derivado “weird girl-core”, también tienen su origen en las calles de Japón, con la cultura del Harajuku. En un estudio observacional sobre el Harajuku, Amelia Bloom afirma: «[Las chicas de Harajuku] utilizan la indumentaria experimental para comunicar a la sociedad en general su desilusión con ella. [En ocasiones] cuestionan el mismo significado y función de la vestimenta”.
La paradoja del ugly-core en redes sociales
En el mundo de la moda, vestir “feo” se considera fashion forward. Quienes conocen profundamente de tendencias, diseñadores, historia de la moda, colecciones y texturas, experimentan para crear siluetas y estilismos nuevos. Lo que para el común de las personas constituye un outfit incomprensible y poco digerible para la vista, es apreciado por los conocedores que comprenden las referencias a las que alude, que comprenden su intención.
El “ugly-core” en su faceta más política nos propone deshacernos de la mirada masculina, o del denominado “male gaze”, a la hora de vestirnos. Ser una “Man Repeller”(repelente de hombres), como diría la fashionista Leandra Medine. Despojarnos de las expectativas que el mundo tiene acerca de cómo las mujeres nos debemos vestir y ver, para utilizar la indumentaria como una herramienta de búsqueda de nuestra propia identidad. Ignorar reglas como la de “no usar rayas horizontales”, “vestir de negro para alargar la figura”, “acentuar la cintura”, etc.
Pero cuando esta tendencia es popularizada en las redes sociales por mujeres completamente hegemónicas, la mirada masculina y los estándares de belleza operan de una manera mucho más indirecta y siniestra. Como bien explica la escritora Margaret Atwood:
«Incluso fingir que no estás satisfaciendo fantasías masculinas es una fantasía masculina: fingir que no te ven, fingir que tienes vida propia, que puedes lavarte los pies y peinarte sin ser consciente del vigilante siempre presente que mira por el ojo de la cerradura de tu propia mente. Eres una mujer con un hombre dentro observando a una mujer. Eres tu propio espectador».
En Internet, parecería que estas prendas no están pensadas para hacer que la persona luzca intencionalmente “fea”, sino para demostrar que quien las lleva sigue siendo «atractiva». Como comentó Givhan en su momento acerca de la colección S/S 1996 de Prada, “[Las nuevas prendas] no son útiles para una mujer cuyo objetivo es parecer sexy o glamurosa. Debe mostrarse guapa a pesar de ellas”.
Lo que hace que mujeres como Bella Hadid establezcan el vestirse “feo” como un acto cool es que pueden lucir estos looks y seguir beneficiándose de los privilegios de ser convencionalmente atractivas. Cuando sólo aprendemos acerca del ugly-core o incluso de otras tendencias de personas hegemónicas en las redes, lo que se convierte en aspiracional no es el estilo, sino el cuerpo como pieza que “une el look”, sin el cual no estaría completo.
Amanda Richards explica esta problemática de la siguiente manera: “la reivindicación de una estética previamente ridiculizada o marginada sólo funciona si se pone en un cuerpo aspiracional; y en moda, aspiración equivale a delgadez. La misma ropa en un cuerpo gordo destruye la idea de que el look pueda ser aspiracional, y deja a la persona que la lleva sujeta a la crítica, por muy de moda que esté la ropa que lleva».
Bajo este supuesto, se podría considerar más anti-moda o disruptivo que una persona gorda lleve ropa que esté pensada para exhibir la delgadez.
Kristina Avakyan, la creadora de contenido que se filma en el metro de Nueva York, es flaca. Es por eso que la periodista Danya Issawi, quien la entrevistó para The Cut, se pregunta, ¿Qué le pasaría a una mujer con un cuerpo más grande con la misma ropa? ¿Se sentiría igual de segura? ¿Se vería fuertemente sexualizada por transeúntes tanto virtuales como reales?
Lamentablemente, todo indica que su experiencia sería bastante distinta a la de Kristina. Personalmente, me resulta terrible que la experimentación en la moda se considere “vanguardista” sólo cuando un grupo muy específico de gente la ejerce.
¿Qué podemos hacer al respecto? ¿Cómo nos despojamos de nuestros sesgos para pensar sobre la moda de una manera más imparcial?
Eliminar el problema de raíz, es decir, deshacernos de la gordofobia, es una tarea muy compleja, colectiva, y que llevaría décadas para resolverse (si es que somos optimistas). Sin embargo, podemos controlar cómo lo interpretamos a nivel personal, y compartir una mirada crítica con nuestro círculo.
Cuando las redes sociales se convierten en el principal medio por el que consumimos moda y tendencias, comprender qué o quién mueve los hilos detrás del telón es fundamental para filtrar los mensajes que nos llegan. Muchas veces, la experimentación está motivada por la necesidad de atraer likes o interacciones. Y cuanto más único y llamativo sea un outfit, cuanto más “feo” incluso, más atención va a captar.
No es necesario ni productivo dividir entre quienes genuinamente experimentan con la ropa por amor a la moda, y quienes lo hacen por likes. Pero tener en cuenta la dinámica de las redes sociales ayuda a que no tomemos todos los mensajes así como vienen.
Identifiquemos qué tipo de experimentación, referencias y estilismos nos llaman la atención a nosotros en particular. Para inspirarse respecto a la tendencia del ugly-core, recomiendo mirar las pasarelas de marcas como Chopova Lowena o Ashley Williams, el Instagram de la increíble revista Fruits, el de Sara Camposarcone, y el street style de la semana de la moda de Copenhague. Lo interesante, para mí, es cuando lo “feo” irrumpe para hacernos cuestionar por qué lo evitamos tanto. No nos supone que nos guste, pero algo nos llama la atención: no ignoremos ese deseo de explorar.
Pero también démonos permiso para reconocer que es un trabajo complicado el de deshacernos de los estándares de belleza. Derribar sistemas de pensamiento instaladísimos que indican lo que se ve “mal” o “bien” en nuestros cuerpos es muy difícil, y hasta cierto punto, imposible. Esta contradicción no nos debería pesar porque no es nuestra culpa que exista.
Puede que el ugly-core nos llame la atención por la pura novedad, por lo aspiracional de los cuerpos que lo llevan en redes sociales, o también puede ser que nos dé curiosidad ver cómo nos sentimos con prendas no “favorecedoras” o “feas”. En todo caso, vale la pena darle una oportunidad, independientemente de cómo se vea nuestro cuerpo.