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Desde la portada de The Fame de Lady Gaga hasta series fotográficas como Congo Tales y Birds of Mexico City, Pieter Henket ha dedicado su carrera a observar personas. Inspirado por la pintura del siglo XVII, su trabajo combina una estética clásica con temas profundamente contemporáneos, explorando cómo construimos nuestra identidad en relación con los demás.
Su proyecto más reciente, Birds of Mexico City, retrata a una generación de jóvenes artistas, performers, diseñadores y creadores mexicanos que están redefiniendo las relaciones entre tradición, espiritualidad, género y comunidad.


Has fotografiado desde figuras tan icónicas como Lady Gaga hasta comunidades y proyectos de largo aliento como Congo Tales o Birds of Mexico City. Más allá de quién esté frente a la cámara, ¿qué es lo que buscas revelar en un retrato?
Pieter Henket: Para mí se trata de ese momento en que alguien es completamente sí mismo. Ese momento aparece cuando logras que las personas se sientan vistas y cómodas. Con Birds of Mexico City eso ocurre a través de la colaboración, de realmente ver a la persona que tienes delante en lugar de simplemente fotografiarla.
Creo que un retrato fracasa cuando es solo documentación, un registro de cómo alguien se veía. Lo que busco es algo más cercano a un espejo, algo que le devuelva a la persona a sí misma y que también le permita al espectador entrar.
La pregunta siempre es la misma: ¿quién es esta persona cuando nadie la está mirando? Y si puedo acercarme lo suficiente, con honestidad, para que eso aparezca en la imagen.
Tu trabajo tiene una estética muy reconocible, inspirada en la pintura del siglo XVII, pero suele abordar temas profundamente contemporáneos. ¿Qué te interesa explorar sobre el presente a través de ese lenguaje visual?
Los pintores del siglo XVII entendían algo fundamental sobre la luz: que no es solamente iluminación, sino atención.
Me interesa la manera en que retrataban a las personas con tanta dignidad. Había una quietud que les daba importancia. Intento ofrecer esa misma importancia a las personas que fotografío, especialmente a quienes normalmente no reciben ese tipo de atención.
Para mí no se trata de una decisión decorativa. Se trata de otorgar fuerza.

En varios de tus proyectos aparecen personas que están construyendo su identidad en diálogo con una comunidad, una tradición o una historia compartida. ¿Qué te atrae de esos procesos?
Me fascina la idea de que la identidad no es algo que descubrimos solos. Es algo hacia lo que crecemos gracias a las personas que tenemos alrededor.
Cada movimiento creativo y cada cambio cultural comienzan con un grupo de personas que se sienten lo suficientemente seguras para ser ellas mismas.
Eso fue exactamente lo que encontré en Ciudad de México. La libertad que fotografié no apareció por casualidad, era algo cultivado por una comunidad. Birds of Mexico City terminó siendo un intento de capturar no solo a estos individuos extraordinarios, sino también la red invisible de confianza, amistad y creatividad que les permitió desplegar sus alas.




¿Cómo llegaste a la escena artística que retratas en Birds of Mexico City? ¿Qué fue lo primero que te llamó la atención de esos jóvenes y de la comunidad que estaban construyendo?
Todo comenzó a través de la amistad. Llevaba varios años visitando Ciudad de México cuando conocí a Chino Castilla y, a través de él, a una generación de artistas, músicos, diseñadores y performers. Con el tiempo me fueron incorporando a su mundo, no como alguien que los estaba documentando, sino como alguien genuinamente interesado en lo que estaban creando.
Lo que más me llamó la atención fue que no estaban intentando ser diferentes. Era exactamente lo contrario. Había una enorme naturalidad en la manera en que se expresaban.
No estaban pidiendo permiso ni reaccionando contra algo. Habían construido una comunidad donde las personas se animaban mutuamente a ser exactamente quienes eran.


Muchas de las personas de Birds of Mexico City parecen moverse con naturalidad entre la tradición católica y formas mucho más libres de entender el género, la espiritualidad o la identidad. ¿Crees que esa convivencia es una característica de esta generación?
Lo que me fascinó fue la naturalidad con la que todo coexistía. Las personas abrazaban imágenes católicas, tradiciones indígenas y rituales familiares, mientras al mismo tiempo tenían una comprensión muy abierta del género, la identidad y la expresión personal. Nada reemplaza a lo otro.
Crecí en el sur católico de los Países Bajos, por lo que esos símbolos siempre me resultaron familiares. Pero en México los vi de una manera distinta. Los jóvenes estaban apropiándose de ellos, mezclándolos con la moda, el arte y sus propias identidades. Como fotógrafo, eso me resultó profundamente inspirador porque añadía una nueva capa de significado a cada imagen.
No sé si es algo propio de México o algo que esta generación le está enseñando al resto del mundo. Quizás sea ambas cosas. Lo que sí sé es que me pareció profundamente esperanzador. Me mostró que la tradición y el cambio no siempre tienen que existir en oposición.



